Mis favoritos: Tchaikovsky-Sinfonías 4, 5 y 6

9 Mai 2009

Tchaikovsky

Las tres últimas sinfonías de Tchaikovsky son la cima de su obra.

Tchaikovsky compuso la 4ª sinfonía (1878) en una época tumultuosa de su vida. Cuando la comenzó estaba a punto de embarcarse en un matrimonio con una antigua alumna del conservatorio, Antonina Miliukova; pero también apaerició en escena otra mujer para brindarle su apoyo económico, la acaudalada mecenas Nadezhda von Meck. Fue ella a quien Tchaikovsky reveló el “programa detallado” de su sinfonía más autobiográfica hasta esa fecha. La fanfarria del fatídico primer movimiento con el que se abre era “el destino, esa fuerza inexorable que impide que nuestras aspiraciones de felicidad alcance su objetivo, que celosamente consigue que nuestro bienestar o nuestra paz no sean absolutos y transparentes, que pende sobre nuestras cabezas como una espada de Damocles y que con una rotunda perseverancia envenena nuestras almas. Es invencible, jamás la dominaremos”.

Aunque el destino regresa para hostigar los renqueantes valses del movimiento y para interrumpir el deleite popular del movimiento final, hay cierto solaz en “los recuerdos del pasado” que alivian las melancólicas cavilaciones del movimiento lento y lo que Tchaikovsky denominaba “arabescos antojadizos”, realizados mediante el pizzicato de las cuerdas en un scherzo muy imaginativo. (David Nice)

Sinfonía No. 4, 4º mvmt (Chicago Symphony-D. Barenboim)

 

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Sinfonía No. 4 in fa menor, op. 36 (CD)

Francesca da Rimini, op. 32

New York Philharmonic – Leonard Bernstein

Tras un lapso de más de una década, en 1888 Tchaikovsky regreso a la forma de la sinfonía. Su guía en esta labor fue el profesor del Conservatorio de Hamburgo Theodor Ave-Lallement, a quien esta dedicada esta 5ª sinfonía. En apariencia, la obra está más proporcionada de forma más uniforme que su predecesora, y la única percusión que se escucha es la de los timbales. Sin embargo, sigue habiendo un programa. La todopoderosa figura del Destino que preside la 4ª sinfonía y regresa para malograr el gozo popular de su final se ha convertido ahora en la Providencia, sujeta al cambio. Aparca a un lado el inquietante acoso del primer movimiento para dejar paso a un allegro que Tchaikovsky describe como “murmullos, dudas, lamentos, reproches contra… XXX” (lo cual, supuestamente, es una referencia a su homosexualidad). Amenazadora la Providencia irrumpe dos veces en la escena del exquisito movimiento lento, el magnífico andante cantábile, y anima brevemente un gracioso vals. En el último movimiento, su carácter se ha transformado en un noble acto de rebeldía y, tras una enérgica batalla, emerge ruidosamente como vencedor en un triunfante desfile final. (David Nice)

 Finale de la Sinfonía Nº 5 (L. Bernstein)

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Sinfonía No. 5 in mi menor, op. 64 (CD)

Romeo y Julieta

New York Philharmonic – Leonard Bernstein

La sexta sinfonía de Tchaikosky es la más poderosa que compuso sobre el sufrimiento, tal y como indica el sobrenombre que le puso su hermano Modest “Patética”. No es que cuando la escribió, en verano de 1893, estuviera sumido en un desespero con tendencias suicidas: aunque afirmaba “haber llorado mucho” durante su composición, estaba en pleno impulso creativo, y declaró “es glorioso poder darme cuenta de que mi tiempo aún no ha acabado, y que puedo seguir trabajando”. Su súbita muerte, ese mismo año, solo unos días después de haber dirigido el estreno de esta obra, alentó los rumores de que, como Mozart, había compuesto su propio Requiem. Hay algunos aspectos de la obra que ciertamente lo sugieren: la misa rusa de difuntos se cita en el desarrollo del primer movimiento, y el final es un adagio lamentoso trágico, en el que la luz se extingue.

Pero aquí hallamos condensada toda la experiencia vital. El amor, en un aria del primer movimiento que prácticamente no tiene palabras, está en deuda con el ejemplo de la “canción de la flor” de Carmen, de Bizet, la ópera favorita de Tchaikovsky. La melancolía hace acto de presencia bajo la forma de un vals agridulce, mientras que el scherzo combina una fantasía brillante con una marcha bulliciosa. (David Nice)

Sinfonía nº 6. 3er mvmt. Bavarian Radio Symphony Orch Mariss Jansons

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Sinfonía No. 6 in si menor, op. 74 ‘Patética’ (CD)

New York Philharmonic – Leonard Bernstein

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