Montserrat Caballé al Liceu: Herodiade de Jules Massenet (6 de gener de 1984)

15 Juny 2010

Continuem amb el repàs d’algunes de les actuacions de la soprano Montserrat Caballé al seu teatre. En aquesta ocasió ens acostarem a una de les rareses que durant els anys 80 va començar a rescatar per al públic la nostra diva.

Durant la dècada dels 80 la Caballé va anar abandonant paulatinament els papers del repertori més popular (Tosca, Elisabetta de Valois, Norma, Leonoras, Amelia,….) i del belcanto (Semiramide, Maria Estuardo, la reina Elisabetta, Norma,….) que tantíssims èxits l’havien portat, per a endinsar-se en un continua recerca de nous papers en òperes cada vegada més infreqüents i oblidades. En part, això es va produir per la natural i inexorable defallida de les facultats vocals, lògic després de més de vint anys de carrera al primer nivell i en papers molt compromesos, sobretot a partir de final dels setanta quan es va ficar en papers molt pesants per la seva veu com van ser la Turandot, la Gioconda i la Isolda.

El cert és que durant la primera meitat de la dècada dels 80 la Caballé encara lluïa i encandilava en papers com l’Elisabetta del Don Carlo, l’Amelia del Simon Boccanegra, la Semiramide o la Tosca, però la seva veu progressivament va anar perdent flexibilitat, es va tornar més dura (sobretot en els atacs als aguts tant en forte com en piano), si bé el timbre continua sent molt bell en el centre (alguns caballetistes de pro consideren que en aquesta època el seu timbre va arribar al màxim de la seva bellesa) i va millorar força en els descensos al greu (més homogenis amb la resta de registres) al mateix temps que va guanyar en projecció i potència (una mica el mateix que li va passar a la Tebaldi durant la dècada dels seixanta).

La temporada 83-84 la Caballé va fer la Salomé de l’òpera de Massenet, el doble paper de Primadonna/Ariadna en l’Ariadna auf Naxos, un recital i un cameo a Die Fledermaus, en la línia del que dèiem anteriorment (la temporada anterior havia participat al Don Carlo, La Vestale i una imprevista Venus del Tannhauser, i en les tres següents va fer Der Rosenkavalier, Semiramide, Armide de Gluck i Saffo de Pacini)

L’Herodiade de Massenet en aquell moment era una autèntica raresa i es va programar per petició de la soprano. Al Liceu no es representava des de feia seixanta anys, i abans d’aquestes funcions tan sols s’havien donat set més. El cert és que Herodiade està escrita com a últim vestigi de la Grand Òpera francesa, amb necessitat de grans escenografies, un repartiment necessitat de grans cantants, episodis de ballet i gran escenes corals, amb el que la seva producció resulta, almenys actualment, molt costosa.

El Liceu va contractar un repartiment luxós encapçalat per tres figures de la casa: Caballé com Salomé, Carreras com Joan el baptista i Joan Pons com Herodes; i el va completar amb l’Herodias de la mezzo Dunja Vejzovic,

Es pot trobar amb relativa facilitat la retransmissió televisiva de la funció a la xarxa, de la qual hi ha més d’un vídeo al youtube.

Llegim la crònica-crítica de Xavier Montsalvatge per La Vanguardia del 2 de gener de 1984.

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Caballé, Carreras y Pons, tres estrellas para arropar la nueva presencia de Massenet en el Liceu

Los cantantes salvaron “Hérodiade”

A los liceístas podía haberles venido muy cuesta arriba pasar de las delicuescentes cadencias del recientemente programado “Werther” a la “baluerna” pseudo-bíblica “Hérodiade”, también obra de Massenet, prácticamente olvidada, aunque asome muy de tarde en tarde en los escenarios (del Liceu estaba ausente desde 1924). El tránsito empero se ha producido sin mayores traumas por obra y gracia de los intérpretes protagonistas, el terceto vocal difícil de sobrepujar actualmente Caballé-Carreras-Pons.

Hacía falta esta primera línea en el reparto porque “Hérodiade” en sí misma es difícilmente asimilable al presentar muchos más puntos débiles que valores positivos. Entre estos últimos habría que destacar el acento personal que gravita en cada página de la partitura, donde está presente el mismo Massenet de “Manon” o del aludido “Werther” (que junto con “Thais”, tal vez “Don Quichotte” y algún título más es lo único que se ha salvado del naufragio en el que sucumbió a lo largo de un siglo la producción de este compositor francés que llegó a crear 25 óperas).

Ciertamente la vena lírica de Massenet, de un encanto sentimental cierto —a veces un poco empalagoso—, se presta a perfilar el tema que ha sido una constante en toda su obra para el teatro, el de la “grande amoureuse”, y en su descripción aplicó siempre un habilidoso vuelo melódico junto con un confortable arropamiento sinfónico de invariable palpitación emotiva y una voluptuosidad subyacente que supo maquillar con un “charme” singular.

Un drama excesivo para el compositor

El amor lascivo de Herodes, vengativo de Herodías, sublime del profeta San Juan y arbitrariamente puro y abnegado de Salomé, vertebra el argumento de la obra, pero en este caso Massenet lo glosa basándose en uno de los “Trois contes”, de Gustave Flaubert, y aunque los contradictorios libretistas Milliet y Grémont es presumible que debieron cargar al nuevo trabajo las tintas imaginando las necesidades de la escena, no tiene de “ópera trágica”—como la denominó el autor— más que el desenlace con la decapitación del profeta y el suicidio de Salomé en el último cuadro. Es en éste y en el anterior cuando la música adquiere una cierta tensión dramática. Por lo demás en el resto de la acción todo transcurre mansamente, en un tono de elegancia casi diría de propósito “salonnier”. Y la espectacularidad constante de la obra se obtiene con ampulosas escenas corales, trasiego de comparsería, apuntes de ballet y una “grande machine” escenográfica que pasa de ser un relleno, un recurso para hinchar las situaciones que consigue únicamente dilatarlas hasta la fatiga para los intérpretes y el espectador.

Como he dicho, la amable distinción propia de Massenet no falta en esta comedia bíblica, que no es drama hasta el penúltimo episodio, y tragedia hasta el último. Y los cantantes tienen perfectamente dosificadas sus intervenciones de lucimiento por atractivas y difíciles, propiciadas por el compositor cuando en la obra se encuentra a sí mismo y se abandona a su espontánea inspiración.

En estos momentos es cuando nuestros cantantes volvieron a triunfar. Montserrat Caballé, a quien ya habíamos admirado temporadas atrás en la bastante más escabrosa Salomé de Strauss, en esta endulzada Salomé de Massenet, faltada de revulsivo, ha estado igualmente incomparable. Cantó su primera aria —““II est doux, il es bon”— precavidamente reservona como podíamos imaginar, aunque ya fue saludada con una gran ovación. Después su entrega fue progresiva hasta llegar al final, cuando hizo un verdadero alarde de sus portentosas facultades, más segura que nunca y con todo el poder de su emisión vocal.

Herodes es, a mi entender, el segundo protagonista de la acción y tuvo en Joan Pons un intérprete perfectamente identificado con la psicología del personaje, enérgico o insinuante, dubitativo en sus reacciones, pero decidido vocal y expresiva mente, ganándose también una ovación después de entonar “Ce breuvage… vision fugitive” en el segundo cuadro.

Josep Carreras, representando a Juan el Bautista, produjo la intensa emoción de siempre; la de un cantante en posesión de una voz privilegiada por su timbre bellísimo, su potencia y seducción subyugante. En realidad no es hasta el tercer acto, en el solo “Ne pouvant réprimer lesélans de la foi” y en el siguiente dúo con Salomé cuando el tenor se manifiesta como figura crucial del drama. Carreras estuvo magnífico, sobre todo en esta escena, con una entonación henchida de sentimiento palpitante que provocó una fulminante salva de aplausos interminables.

Una fastuosa puesta en escena

No sé si se debe a que ya en la partitura el personaje de Herodías viene a resultar incomprensiblemente menos relevante que los otros tres protagonistas, pero lo cierto es que, encarnado por la mezzo Dunja Vejzovic, quedó un poco desdibujado, pese a que posee una voz de gran temple y es muy actriz. Lo mismo diría con respecto al papel de Fanuel, que asumió con dignidad Roderick Kennedy dándole una elocuencia convincente. Enric Serra (Vitellius) y Vicenç Esteve (Gran Sacerdote), se mantuvieron al nivel a que nos tienen acostumbrados.

El coro, preponderante, estuvo siempre ajustado y a veces, como en el cuadro del Templo de Salomón, se superó en cohesión polifónica. El ballet amenizó varias escenas con apropiado estilo. Escenográficamente, “Hérodiade” se presenta con fastuosidad. Los de corados acaso podrían servir para un espectáculo frívolo, pero el juego de luces, utilizado con habilidad, les da un mayor empaque. Y como además el vestuario es efectista y no faltan en la obra los cuadros de apoteosis con cerca de un centenar de personas en escena, podemos calificar el todo como un esfuerzo de montaje muy considerable.

Correcta dirección musical a cargo de Jacques Karpo (?), con una eficiente colaboración de la orquesta, añadió aciertos a esta “Hérodiade” que en definitiva se salva por la interpretación lírica y el boato con que ha sido exhumada.

XAVIER MONTSALVATGE

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La veritat és que Montsalvatge es passa una mica al criticar a Massanet com a compositor de prestigi que va ser, i del qual es mantenen encara avui obres vives al repertori habitual dels teatres. Sí és cert que Massenet va ser un compositor bastant conservador, però tenia el do de saber donar al públic allò que li agradava. Les seves estrenes eren un èxit darrera l’altre amb obres com Le Roi de Lahore, Herodiade, Le Cid, Manon, Don Quichotte, Esclarmonde, Le jongler de Notre Dame, Sapho, Cendrillon, Thaïs o Werther, totes elles amb les seves virtuts i defectes, però impregnades d’una gran creativitat melòdica, un domini absolut de l’orquestració i un adequat tractament vocal.

En particular Herodiade adoleix d’un llibret bastant penós, per la inversemblança del que passa en escena, amb una Salomé feta una bleda i allunyada totalment del personatge bíblic. El continu pas de cors, comparses i ballets destorben el fil del drama que si l’hagués agafat Verdi duraria una hora i mitja menys.

Pel que fa a la nostra Montserrat Caballé no estic d’acord que comenci reservona, tal i com podeu comprovar en els vídeos següents on canta “Il est doux,…”, la seva aria inicial, i el duo posterior “Jean! Je te revois!” amb el Jean de Carreras.

Tal i com us comentava, la veu de la Caballé sona potent i amb una bellesa desconcertant, si bé es comprova la brusquedat i duresa en certs passatges, sobretot quan ataca els aguts en forte, els greus i alguns pianos. Té un èxit clamorós, i certament merescut.

El Josep Carreras també es trobava en un moment de forma molt bo. La calidesa del seu centre, la valentia en l’agut i un cant amb un fraseig ardent i vehement el fan un Jean irresistible a qualsevol dona o noia jueva o palestina que es trobés al davant. Tal i com diu el cronista, en la seva escena de l’últim acte “Ne pouvant reprimer les elans” està esplendorós, causant el deliri absolut del públic, tal i com podeu comprovar en el vídeo següent:

El paper d’Herodes és fundamental en aquesta obra i Joan Pons en fa tota una creació. La seva veu de baríton és estranyament homogènia del greu a l’agut i el seu cant, recolzat en un fiato considerable, està justament matisat amb aquell timbre tant especial del mallorquí. En la famosa “Vision fugitive” està molt intens, al igual que en la resta d’intervencions, obtenint, també un èxit considerable.

El paper d’Herodias (que dona nom a l’òpera) queda en un segon plànol respecte als altres tres, i vocalment passa el mateix malgrat la presència d’una cantant del prestigi de la Vejzovic.

L’orquestra i cors del Liceu es van comportar de manera decent, tot i les grans dificultats tant per a uns com per els altres, amb la concertació ajustada del mestre Delacôte.

El resultat és un triomf apoteòsic decretat per un públic entregadíssim que esclata en innumerables ocasions en ovacions i aplaudiments per als solistes i el conjunt. A gaudir-la.

Jules Massenet-Herodiade (Cd01, Cd02)

Herodiade – Dunja Vejzovic

Herodes – Joan Pons

Salomé – Montserrat Caballé

Jean – Josep Carreras

Phanuel – Roderick Kennedy

Vitellius – Enric Serra

Gran Sacerdot – Vicenç Esteve

Orquestra i cor del Gran Teatre del Liceu-Jacques Delacôte (6-ene-1984)

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5 Respostes to “Montserrat Caballé al Liceu: Herodiade de Jules Massenet (6 de gener de 1984)”

  1. Il vero Barone Says:

    Podrás no estar de acuerdo con Montsalvatge respecto a la valoración de Massenet, pero la verdad es que es una buena crítica, y no como las que nos tenemos que tragar actualmente en los medios, que solo hablan de la puesta en escena y te explican el argumento de La Traviata.
    Y por cierto, la Caballé está en su punto culminante estilísticamente…. es decir, del estilo-Caballé.

    • rodiazsa Says:

      Efectivamente, es una auténtica crónica-crítica en todos los aspectos (obra, puesta en escena, cantantes y conjunto), seguramente porque sabía bastante más de música y canto que los críticos actuales.
      Y efectivamente, la Caballé estaba más Caballé que nunca, pero eso es muchíiiiisima cantante.

  2. Mª Isabel Losilla Bujan Says:

    Yo tuve la suerte de estar de comparsa en esta ópera y nunca en la vida había estado tanto tiempo seguido con la piel de gallina, son todos brutales


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