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Montserrat Caballé al Liceu: Roberto Devereux de Gaetano Donizetti (noviembre de 1968)

31 Desembre 2009

Estaba pendiente de completar la trilogía Tudor de Donizetti por la Caballé, y dudaba entre las tres versiones que disponía porque no acababan de convencerme: su debut en el rol en el Carnagie Hall, meses después de su fulgurante explosión a la fama en el mismo escenario, donde está deslumbrante y espectacular pero sus compañeros de reparto, mediocres, y el sonido deficiente; las funciones en La Fenice de 1972, con un reparto equilibrado y sonido aceptable pero bastante conocidas; y la recreación en Aix-en-Provence de 1977, con el atractivo de disponer del video de la misma, pero en la que Caballé empieza bastante descentrada, sobretodo en el primer acto.

Hace unas semanas en el fantástico blog “Esta noche barra libre”, encontré la solución ya que se publicó un post dedicado al Roberto Devereux – Noches de Ópera: “Roberto Devereux” y la soprano absoluta – que la Caballé cantó en el Liceu en la temporada 68-69, con lo que me servía para matar dos pájaros de un tiro: completar la trilogía y continuar publicando las actuaciones de la soprano en el Gran Teatre del Liceu.

Los que tuvieron la suerte de asistir a la temporada 1968-1969 del Liceu pudieron ver a la Caballé en cuatro papeles distintos: Elisabetta del Roberto Devereux, la Manon de Massenet, Elisabeth del Tannhäuser y Maria Stuarda de Donizetti. Las funciones del Roberto Devereux fueron un acontecimiento social, ya que suponían la inauguración de la temporada, además de casi un estreno absoluto en el teatro ya que de la ópera solo se habían dado cuatro funciones en toda su historia (y se tardarían 23 años más en volverla a ver, en las celebradas funciones de la Gruberova). Este hecho queda recogido en La Vanguardia del día posterior al estreno (9 de noviembre), donde el evento mereció la portada del rotativo. Como siempre, me parece un ejercicio interesantísimo recuperar la crónica del evento.

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AYER SE INAUGURO CON LA BRILLANTEZ DE SIEMPRE LA TEMPORADA DE OPERA EN EL GRAN TEATRO DEL LICEO

«ROBERTO DEVEREUX», DE DONIZETTI, PROPORCIONO UN TRIUNFO PERSONAL A MONTSERRAT CABALLÉ

La inauguración del Liceo desde el ángulo social y artístico continúa resultando un acontecimiento que la evolución de los hábitos y las modas no invalida todavía. La función inaugural de esta temporada ha alcanzado el lustre de siempre; gran afluencia de público, ambiente de solemnidad y una natural expectación por el espectáculo anunciado constituyeron ayer la tónica de la velada, este rito que sólo en un aspecto no fue estrictamente tradicional: la costumbre de abrir el teatro con una ópera muy conocida se ha abandonado esta vez, escogiendo para el programa inicial «Roberto Devereux», que no se había representado en nuestro teatro desde hacía más de un siglo, o sea que su reposición equivalía a un estreno. También en Italia esta obra de Donizetti estaba en la serie de las olvidadas, hasta que en 1964 fue exhumada en el Teatro San Carlo de Nápoles como un documento típico del más puro estilo del compositor de Bérgamo y de su prodigiosa facilidad de creación. («Roberto Devereux» igual que «María Stuarda» cuyo estreno absoluto en el Liceo está previsto también para esta temporada) es una pieza del extensísimo repertorio de Donizetti la nº 51 en la lista de 67 óperas que figuran en el catálogo de su producción, en gran parte arrinconada en los archivos con excepción de cuatro títulos: «Don Pasquale» (que probablemente es la mejor; ¿cuándo la volveremos a ver en el Liceo?), «Elisir d’amore», «La Favorita», «La hija del regimiento» y la inefable «Luccia de Lamermoor».

«Roberto Devereux» podría ser un resumen de todas ellas. La fórmula musical de Donizetti está utilizada sin la más mínima evolución; la trama dramática pseudo-histórica es sólo un pretexto para la aparición sucesiva de recitados, grandes arias y algún concertante, siempre con los mismos efectos, con la gran pirotecnia melódica las «fiorituras», las fermatas» y los calderones, los agudos inverosímiles, capaces de quebrar las cuerdas vocales más resistentes y los altercados de bravura entre los personajes de comedia típicamente decimonónica, todo subrayado por los ritmos primarios de una orquesta a pesar de todo tratada con garbo y suma habilidad.

Es fácil imaginar que con esta materia prima nuestra admirada Montserrat Caballé pudo prodigar a fondo sus facultades vocales que siguen siendo de gran alcance. Como una auténtica «prima donna», Montserrat Caballé en el papel de Elisabeth que centra la acción, ha estado espléndida a base de los recursos característicos de su manera interpretativa; unos filados prodigiosos de tersura y claridad, un ataque valiente y rotundo de los más peligrosos agudos sostenidos, dosificados y modulados con auténtico oficio y un exacto conocimiento de los gustos del público y una entrega temperamental perfectamente apropiada a la índole expresiva de la música. Nuestra gran cantante internacional ha obtenido un nuevo triunfo, muy legítimo. Su éxito ha sido grande en el primer acto y más aún en el último, donde la partitura le reservaba los principales escollos y también las máximas ocasiones de lucimiento que ha sabido aprovechar con la decisión de una verdadera diva del «bel canto». Sus intervenciones han sido explosivamente celebradas por los liceístas y en cada una de ellas la artista ha debido saludar con interrupciones de la representación, o sea renovando una costumbre que parecía perderse.

Al lado de Montserrat Caballé los otros artistas del reparto han quedado a un buen nivel, en especial Piero Cappuccilli que después de varios años de ausencia ha reaparecido en el Liceo renovando éxitos anteriores. En el rol de Lord Nottingham ha prodigado su magnífica voz intensa y de noble timbre, cantando con aplomo y perfecta musicalidad, moviéndose como un buen actor y obteniendo por sus aciertos largas ovaciones y bravosal parecer sinceros, prodigados por tan- tos liceístas como hay que sienten especial predilección por las voces de barítono.

 Bernabé Marti encarnó el personaje de Roberto Devereux con acierto. Salvo alguna vacilación (en el terceto del segundo acto), su labor ha sido encomiable y su voz se ha mantenido en una convincente tensión lírica.

La presentación de la cantante italiana Bianca Berini debemos señalarla con elogio porque la artista se ha manifestado como intérprete plenamente dominadora de una voz potente, de unos graves sin sombra de violencia y unos agudos muy justos a pesar de que en su particela sobrepasan la tesitura normal de una «mezzo».

En papeles circunstanciales han cumplido correctamente Luis Ara, Philip Curzon, Eduardo Soto Enrique Serra. El coro, que sigue bajo la dirección del maestro Riccardo Bottino ha tenido también buenas intervenciones, bien ajustadas de afinación.

Otro artista familiar a los liceístas es el maestro Cario Felipe Cillario a quien se le ha confiado nuevamente la dirección de la orquesta y de la representación en conjunto desde el punto de vista musical. Cillario es un concertador a quien la experiencia y el oficio no le han hecho perder una viva agilidad de mando. Conoce y estima el especial carácter de la música de Donizetti La dirige con absoluta responsabilidad técnica y con un sincero empeño en valorar lo que tiene de bueno, o sea, en sustentar con aplomo y elegancia la línea melódica de los cantantes que encuentran en su batuta la guía certera para actuar cómodamente asistidos por el acompañamiento orquestal. La obra ha sido presentada escénicamente con mucha dignidad, con decorados de amblentación realista y tradicional pero de gran perspectiva y carácter. El movimiento escénico ha sido bien cuidado por el regista Augusto Colombara. En resumen pues, la función, además de ser un éxito rotundo en cuanto a asístencia y relieve social podemos valorarla como un acontecimiento artístico que no ha desmerecido el alto tono siempre alcanzado por las inauguraciones de tempora da en el Gran Teatro del Liceo”

Xavier MONTSALVATGE

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Desde mi punto de vista, si bien la función supuso un triunfo para los cuatro protagonistas, sólo la Caballé, aquí en plenitud de facultades, es merecedora de los máximos elogios con un canto preciosista pero también intenso en los momentos más dramáticos.

Cappuccilli había sido el Nottingham de las funciones del San Carlo, con la Elisabetta de Leyla Gencer (para mí la mejor), por tanto el papel le era familiar pero su canto es muy plano expresivamente y siempre forzando el volumen, sin matices, totalmente fuera de estilo.

Lo mismo le pasa a Bernabé Matí, que con una voz de timbre no muy grato pero bien dotada es incapaz de matizar el fraseo, con momentos de canto realmente rudo (destraler, como solemos decir en catalán), y descontrolado cuando intenta modular.

La Berini poseía una muy bella y homogénea voz de mezzo, pero el papel de Sara le queda bastante alejado por temperamento, ya que era una cantante de rompe y rasga.

Gaetano Donizetti – Roberto Devereux (descarga)

Elisabetta MONTSERRAT CABALLÉ

Roberto BERNABÉ MARTÍ

Notthingham PIERO CAPPUCCILLI

Sara BIANCA BERINI

Orquesta y Coros del Teatro del Liceo

CARLO FELICE CILLARIO

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Enllaços relacionats:

– Trilogía Tudor

https://rodiazsa.wordpress.com/2009/08/04/la-bolena-de-la-caballe/

https://rodiazsa.wordpress.com/2009/08/14/montserrat-caballe-al-liceu-maria-stuarda-de-gaetano-donizetti-gener-de-1979/

– Caballé al Liceu

https://rodiazsa.wordpress.com/2009/11/09/montserrat-caballe-al-liceu-aida-de-giuseppe-verdi-29-12-1973/

https://rodiazsa.wordpress.com/2009/09/30/montserrat-caballe-al-liceu-la-traviata-de-giuseppe-verdi-6-12-1973/

https://rodiazsa.wordpress.com/2009/08/14/montserrat-caballe-al-liceu-maria-stuarda-de-gaetano-donizetti-gener-de-1979/

https://rodiazsa.wordpress.com/2009/05/18/montserrat-caballe-al-liceu-i-vespri-siciliani-de-giuseppe-verdi-28-12-1974/

https://rodiazsa.wordpress.com/2009/05/09/montserrat-caballe-al-liceu-luisa-miller-de-giuseppe-verdi-10-01-1972/

https://rodiazsa.wordpress.com/2009/10/16/monserrat-caballe-al-liceu-norma-de-vincenzo-bellini-11011970/

https://rodiazsa.wordpress.com/2009/11/28/montserrat-caballe-al-liceu-%e2%80%93-la-forza-del-destino-de-giuseppe-verdi-28-01-1979/

Montserrat Caballé al Liceu: Aida de Giuseppe Verdi (29-12-1973)

9 Novembre 2009

AIDAVanguardia

Després d’una setmana incomunicat, i més recuperat físicament, toca retornar al blog amb un plat ben fort, com van ser les ja llegendàries funcions de l’Aïda que es van marcar la Caballé i el Domingo al Liceu.

Com ja vam comentar en el post dedicat a La Traviata, la temporada 1973-1974 la Caballé va protagonitzar tres produccions al Liceu: Caterina Cornaro, La Traviata i Aida.

Aquelles funcions d’Aïda no suposaven el debut absolut de la soprano en el paper de l’esclava etíop, malgrat el que diu el crític de la crònica que us adjunto al post, ja que durant els seus anys com a cantant en plantilla dels teatres d’òpera de Basilea i Bremen, a finals de la dècada dels cinquanta, ja s’havia enfrontat a ell. Van ser una sèrie de funcions absolutament triomfals, potser un dels punts més àlgids de tota la historia del teatre tant per la qualitat del conjunt vocal aconseguit com per la transcendència internacional que van suscitar les funcions, que poc desprès es van traduir en la magnífica gravació de l’òpera per a la casa EMI, tot un clàssic de la discografia.

Com a anècdota d’aquelles funcions cal dir que la Direcció del Teatre, encapçalada pel Sr. Pamias, passava per dificultats econòmiques força greus i que no disposava dels diners suficients  per pagar els honoraris del cast (que ascendia a unes cinc-centes mil pessetes). Vist la desbordant demanda d’entrades per a les funcions previstes va donar ordre a les taquilles que posessin a la venda el màxim número d’entrades possibles. Així en les llotges on normalment hi havia quatre localitats es van habilitar fins a vuit, i es van ocupar els passadissos i qualsevol lloc on pogués col·locar-se un espectador. En aquelles funcions al Liceu, un teatre que normalment tenia sobre dos mil cinc-centes places, hi van assistir més de quatre mil persones.

A continuació us deixo la crònica-crítica feta pel mestre Montsalvatge a La Vanguardia del 30 de desembre de 1973.

Anoche, en el Gran Teatro del Liceo La mejor «Aida» que recordamos haber aplaudido nunca en Barcelona

Las representaciones de «Aída» acostumbran a ser siempre un éxito porque la ópera se presta a galvanizar la afición de! público afecto al repertorio italiano. «Aída» es importante, no tanto por su espectacularidad que anima constantemente la escena con su pintoresquismo de un Egipto faraónico inefablemente convencional, como por los reales valores de una partitura maestra de una dimensión y profundidad dramática que palpita por debajo de la trivialidad de la ambientación. Alguien ha dicho, con absoluta justeza, que la antepenúltima ópera de Verdi, a pesar de sus efectos visuales, del montaje escenográfico y de su apoteósica escena triunfal del segundo acto —el momento más multitudinario y fastuoso de toda la obra—, la popular «Aída» es intrínsecamente una ópera íntima. Gran parte, o de hecho la mayor parte de la música que interpretan los tres principales personajes —Aida, Radamés, Amneris— está escrita con esta delicadeza y claridad de textura que caracterizan a la mejor música de cámara. Es una ópera que trata de seres humanos, de sus pasiones y no de rivalidades nacionalistas ni de hazañas militares. Y «Aída» puede ser considerada igual- mente como la obra escénica más ori- ginal do Verdi, dado que combina el vigor y la sorprendente fecundidad melódica de la primera etapa creadora de su autor con algo de esa sutil penetración psicológica que impregna sus dos siguientes grandes y definitivas obras geniales —«Otello» y «Falstaff»— sin que por ello parezca en momento alguno una ópera de transición. Anoche el éxito invariable de «Aída» fue auténtico y grande desde todos los puntos de vista, aunque indudablemente lo incrementó de forma decisiva las peculiaridades de la interpretación y en especial el hecho de que Montserrat Caballé, por. primera vez, asumiera el papel protagonista de la princesa etíope. ¿Qué puede decirse a estas alturas de la Caballé que no sea reiterar los adjetivos admirativos a su voz, o su personalidad y a la fuerza de su temperamento?

Montserrat Caballé acaba de añadir un nuevo título a su repertorio y no es arriesgado afirmar que este enriquecimiento de su experiencia le proporcionará muchos triunfos que podrá sumar al obtenido ahora en el Liceo. En un dominio absoluto de facultades, segura en la emisión y en la manera de expresarse dramáticamente, de maravillarnos desde el principio al final de la obra. El vigor y la penetración psicológica aludida antes, que son el nervio del papel de Alda, ha sido traducido por la Caballé con un ímpetu y una tensión insuperables. La artista ha valorado a cada momento el más sutil matiz emotivo desde su primera intervención en el soliloquio «Ritorna vincitor, e dal mió labbro usci l’empia parola…», en el qua ha puesto un acento casi desgarrado, hasta en las postreras palabras del final «O térra addio, addio valle di pianti…» entonadas al unísono con Plácido Domingo en la cripta de la muerte, con infinita dulzura, como Verdi había pensado que debía ser este adiós a la vida, expirando «si pura e bella, degli anni tuoi nel fiori…» como expresa Radamés en el último abrazo. .Del principio al final, pasando por momentos de más intensidad, estos que mayormente revelan la vena lírica de Verdi y su poder descriptivo del alma y las tensiones conflictivas de sus personajes: el largo diálogo de Aída y su rival Amneris en el segundo acto y el de Aida con Radamés en el cuadro del Nilo, escenas las dos de antología en toda la historia de la ópera italiana, Montserrat Caballé en todo este desarrollo de la acción se ha mantenido como una cantante de gran clase y con la capacidad de siempre para conquistarse abiertamente al público que le ha tributado un seguido de ovaciones delirantes y de bravos arrebatados e interminables al final de cada cuadro y de cada acto.

No menor ha sido el triunfo de Plácido Domingo, definitivo ya desde las estrofas iniciales de «Celeste Aida, forma divina, mistico serto di luce e fior…», prolongado a lo largo de toda la representación hasta el elegiaco «Morir, si pura e bella, morir per me d’amore…». Plácido Domingo tiene en la voz esta densidad tan rara de encontrar en un tenor. Voz llameante a veces, grávida de emoción, de un timbre soberbio, dominada con una sensibilidad de verdadero músico que sabe lo que es un escenario y un público de ópera y que sin descender en ninguna concesión al afectismo logra arrebatar al que estima el teatro lírico y el poder emociona! de sus cantantes. La explosión entusiasta que rubricó su «Celeste Aida» marcó la tónica de su éxito absolutamente merecido que nos alegra infinitamente, porque es el reconocimiento de la valía de un artista de verdad, de un intérprete de categoría incuestionable.

El triunfo, realmente sin precedentes, de esta «Aida» se ha debido igualmente al equilibrio logrado contando con cantantes excepcionales para los demás papeles. Porque excepcional ha estado Bianca Berini como Amneris, espléndida en volumen y la inflexión de su caudalosa voz. Y más aún Gianpiero Mastromei que sé presentaba personificando al cautivo Amonasro. No recordamos que nunca se haya confiado este papel a un artista dé tantas posibilidades, de tanto temperamento dramático y con un timbre baritonal de tanta potencia y calidad. Ha sido ovacionado con el mismo entusiasmo que los demás protagonistas. El bajo Gwynne Howell ha dado empaque y solemnidad al papel de Ramfis y Juan Pons se ha superado en el papel de rey, sobresaliendo también Cecilia Fontdevila y José Ruiz en sus respectivas intervenciones.

Cuando en escena las cosas marchan bien, acostumbra a pasar que no hay nadie que quiera desentonar. Esto sucedió ayer. El coro cantó con especial ajuste; el ballet —con Asunción Aguadé y Alfonso Rovira como solistas— fue singularmente brillante; la presentación, al cuidado de Diego Monjo, sin apartarse de la tradición, parecía renovada, como si todo fuera acicalado y nuevo. Y la orquesta se ha puesto en consonancia de lo demás, dirigida con temple por un maestro de tanto oficio como Gianfranco Masini.

De mi recuerdo, nunca había visto tan lleno el Liceo como anoche. Ni se había producido tanta expectación, al menos desde hace muchos años. Ni el público se había volcado más alborotadamente al entusiasmo rayando a un histerismo fuera de lugar. Porque no es necesario vociferar como en un campo de fútbol para afirmar ostensiblemente una realidad como la que acabamos de constatar; la de esta «Aida» que nos atreveríamos a afirmar que es la mejor que se ha cantado en el Liceo desde que tenemos consciencia de lo que es representar la ópera de Verdi con los cantantes de la envergadura que exige la partitura.

Xavier MONTSALVATGE BELLVER

Giuseppe Verdi –AIDA (CD01, CD02)

Aida – Montserrat Caballé

Radamés – Plácido Domingo

Amneris – Bianca Berini

Amonasro – Gianpiero Mastromei

Ramfis – Gwynne Howell

Il Re – Joan Pons

Un Mensajero –José Ruiz

Una Sacerdotesa – Cecilia Fontdevila

Orquestra i Cor del Gran Teatre del Liceu – Gianfranco Masini

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Enllaços relacionats:

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Montserrat Caballé al Liceu: Maria Stuarda de Gaetano Donizetti (gener de 1979)

14 Agost 2009

Caballe-Stuarda

Aprofitant el post anterior, i recuperant la sèrie que repassa actuacions de la Caballé al Liceu, per tornar a entrar en el blog us proposo la seva Maria Stuarda de gener del 1979. Tothom que hagi parlat una mica amb veterans del Liceu sap que recorden aquestes funcions com unes de les millors que la Caballé va fer mai al teatre (tenint en compte que la soprano ho va cantar tot al teatre i durant més de 45 anys això vol dir que foren unes nits excepcionals).

Aquella temporada (78-79) la Caballé només va cantar dos títols: tres funcions de la Maria Stuarda i altres tres funcions de La Forza del Destino. De les dues òperes existeixen gravacions en vídeo de les retransmissions de RTVE que circulen per la xarxa, i en elles es veu que la Caballé, a part de trobar-se en plena forma vocal havia aconseguit millorar molt les seves prestacions com a actriu.

Com ja us comentava en el post anterior dedicat a l’Anna Bolena, la Caballé és la millor Maria Stuarda que es pot sentir. La seva veu té presència, projecció i puresa al que se l’afegeix la musicalitat, la tècnica i un canto legato insuperables. Només la Gencer, pel meu gust, li va al darrera, amb una concepció més dramàtica. La Sutherland canta molt bé i la veu és adient però no se li entén res i es avorrida. La Devia és massa lleugera, però molt ben cantada. I la Sills i la Gruberova són molt lleugeres i la segona és també molt avorrida i amanerada (millor en la seva primera gravació en estudi amb una incendiària Elisabetta de la Baltsa).

En aquesta funció la Caballé està en estat de gràcia. El seu personatge no surt fins el segon acte amb l’ària “O nube! che lieve” i la cabaletta “Nella pace del mesto riposo”, on comença a mostrar per on aniran els tirs de la funció: veu d’emissió perfecta, puríssima i bella, cant legato de manual i fiato inesgotable. En el duo amb Leicester encara millora més, i la veu li surt amb una facilitat i puresa en el so extenuants, deixant a part els meravellosos reguladors (pianissimi) que adornen el seu cant. El segon acte finalitza amb la cèlebre escena de la confrontació de reines, on la Caballé pitja l’accelerador cap un registre més spinto, però sempre amb un control absolut de la veu, dominant tota la stretta del final projectant la veu per sobra de tots. Alguns ignorants sempre acusen a la Caballé de no tenir el sobreagut per rematar els concertants, però després de la demostració de cant qui el necessita?

Caballe i Berini-Maria Stuarda “Enfrontament de les reines i final de l’Acte II” (Liceu, gener 1979)

La Stuarda no torna a cantar fins a la segona escena del tercer acte, i es a partir d’aquí on la Caballé fa una lliçó de com s’ha de cantar Donizetti en particular i el bel canto en general. En el duo amb Talbot està senzillament sublim. Després ve la preghiera, on el teatre literalment s’ensorra, perquè mai ningú ha cantat amb un cant tant pur i projectat amb tanta fluïdesa. I per acabar un “Ah! Se un giorno da queste ritorte” molt notable pel poderio vocal exposat.

Caballe-Maria Stuarda “Preghiera” Acte III,escena 3 (Liceu, gener 1979)

L’altra reina de la nit és l’excel·lent Elisabetta de la mezzo Bianca Berini. Molt dotada en l’agut i amb un cant molt extravertit, ens regala una gran funció, i també és acalamada pel públic del Liceu en les seves abundants intervencions.

Entre els homes destaquen el Leicester de l’Eduard Giménez, que si bé no arrisca gens per dalt ens dóna una lliçó d’estil belcantiste (molt bé en el duo amb Caballé al segon acte). Gran actuació d’Enric Serra com el pèrfid Lord Cecil, amb molta intenció, i destacable la labor del Talbot de Mazzieri.

L’orquesta del Liceu té una nit passable, mentre que el cor està més encertat. La direcció d’Armando Gatto és destacable, amb uns temps i un volum que deixen cantar amb comoditat als cantants, sense desvirtuar la partitura. La qualitat del so és acceptable, però lluny de la que recull el video.

Gaetano Donizetti-Maria Stuarda (CD01, CD02)

Maria Stuarda,         Montserrat Caballé

Elisabetta,                  Bianca Berini

Leicester,                   Eduard Giménez

Lord Cecil,                 Enric Serra

Talbot,                         Maurizio Mazzieri

Anna Kennedy,         Cecilia Fondevila

Coro i Orquestra del Gran Teatre del Liceu-Armando Gatto (gener de 1979)

Montserrat Caballé al Liceu: I Vespri Siciliani de Giuseppe Verdi (28-12-1974)

Montserrat Caballé al Liceu: Luisa Miller de Giuseppe Verdi (10-01-1972)