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Opera from the Met: Rigoletto de Giuseppe Verdi (22 de junio de 1972)

26 gener 2010

Sólo habían pasado 6 meses de las fulgurantes funciones de La Fille du Regiment cuando el teatro volvía a montar una ópera para que la pareja Sutherland-Pavarotti retornara a sus escenario.

Se progamaron cuatro funciones de Rigoletto donde se completaba el estelar elenco con el bufón de Sherrill Milnes. Este aguantó dos funciones y en la tercera abandonó a la mitad. Le tocó al tunecinio Matteo Manuguerra finalizar la tanda, de la que os presento la cuarta y última función, a partir de una toma “in house” de una calidad aceptable.

Si por algo es recomendable este Rigoletto es precisamente por la grandísima calidad de sus tres protagonistas y por el gran estado de forma en que se encontraban en aquel momento.

Empezando por la gran creación de Matteo Manuguerra con una voz de barítono auténtico, si bien ligeramente lírica para el papel, manejada con una maestría y una adecuación dramática de altos vuelos. Su interpretación está llena de matices y sin trucos (muy superior a las truculencias y excesos de su colega norteamericano), creando un personaje redondo tanto musical como teatralmente.

La Gilda de Joan Sutherland es ideal desde el punto de vista musical. Alejada de la típica voz estrecha de las sopranos ligeras que suelen abusar del papel, su voz más densa y corpórea crea una Gilda más humana, con momentos de gran virtuosismo en su famosa aria (“Caro nome”) y de belleza conmovedora en el gran dúo con el que finaliza el segundo acto (“Tutte le feste”). Lástima de una dicción en momentos más que borrosa, porque su Gilda se acerca a esa rara avis de perfección que conseguía Maria Callas con el personaje. Por cierto, intercala todos los sobreagudos que puede y alguno más, cosa que no acaba de convencerme (os dejo un fragmento de una de esas funciones, el terceto del último acto, donde cuela una morcilla impresionante al final).

Lo de Pavarotti es de escándalo, en un momento de forma espectacular nos regala un Duque de Mantua que hace palidecer incluso al de la grabación de pocos meses después para Decca.

La voz está exultante de belleza y de facultades, con unos agudos de una brillantez y un canto tan vehemente y apasionado como el de un Di Stefano, pero sin sus defectos. Destacan el duo con Gilda, donde frasea a placer y con una intención palpable, incluso atacando un re bemol espectacular. En el inicio del segundo acto canta un “Parmi veder le lagrime” lleno de matices, al mismo tiempo que con una libertad que empequeñece las versiones más estilistas (siempre más ligadas a tenores di grazia como Kraus, ya que esas voces no dan para este tipo de efusiones líricas), incluso permitiéndose algún abuso como un si bemol alargado hasta la extenuación. En el debe, decir que se ahorra la cabaletta, pero rápidamente se compensa con un tercer acto exultante, empezando con una “Donna è mobile” tan brillante como intencionada y con un cuarterto donde impone un canto lleno de colores. Quizás en escena físicamente no era un gran intérprete pero su canto y su fraseo nos dejan en cada frase una intención que reflejan al personaje a la perfección. De lo mejor que nunca le he oído al gran tenor de Módena.

Como Sparafucile un joven y emergente Ruggiero Raimondi tan eficaz y carismático como siempre pero con esos problemas de identidad vocal que lo han acompañado toda su carrera, mientras que la Maddalena de Joan Grillo no destaca por su sensualidad vocal.

Aquí os dejo un breve video con un trozo del cuarteto, atención a los si bemoles del tenor (uno incluso con un diminuendo)

Dirige las masas del Metropolitan el siempre eficaz Richard Bonynge que, si bien no hace la lectura más dramática o efectista, consigue dar viveza y tensión a lo que pasa en el escenario, con la ventaja de que sabe cuidar de las voces, que en este caso son el gran aliciente de la fiesta.

Giuseppe Verdi – Rigoletto (CD01, CD02)

Rigoletto- Matteo Manuguerra

Gilda- Joan Sutherland

Duca- Luciano Pavarotti

Sparafucile- Ruggiero Raimondi

Maddalena- Joann Grillo

Monterone- Edmond Karlsrud

Marullo- Russell Christopher

Borsa -Leo Goeke

Orchestra & Chorus of the Metropolitan Opera-Richard Bonynge

Montserrat Caballé al Liceu – La Forza del Destino de Giuseppe Verdi (28-01-1979)

28 Novembre 2009

Com ja vam comentar en el post de la Maria Stuarda, la temporada 78-79 la Caballé va actuar en dues produccions molt exitoses, aquelles Stuardes de començament d’any i aquestes Forzes de finals de gener. Per la xarxa circulen les gravacions televisives on a part de sentir-la cantar se la pot veure actuar molt dignament, sobretot en la Stuarda.

En aquest post os deixaré, a part d’alguns fragments que es troben al youtube, el audio complet (extret com bonament he pogut del video).

Abans que res us deixaré la crònica que recollia La Vanguardia d’aquelles funcions, fet que ja estic agafant com a tradició , i que crec que reflexen fidelment la impressió directa que van causar les funcions en el públic del Liceu de finals dels anys 70s.

En aquest cas la crònica, que fa referència al dia de l’estrena (25 de gener) fa la crítica del Don Alvaro de Pedro Lavirgen, mentres que en la funció que jo os comento (28 de gener) és Josep Carreras, També hi ha un petit lapsus del mestre Montsalvatge que bateja el personatge de la Caballé com Laura (sic) en lloc de Leonora.

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“LA FORZA DEL DESTINO” UN NUEVO ÉXITO PARA MONTSERRAT CABALLÉ

Ha vuelto a ponerse en evidencia lo evidente: que Montserrat Caballé es la gran figura capaz, a estas alturas, de llenar el Liceo y devolverle el clima de expectación que años atrás se originaba con más frecuencia. Es verdad que en esta reposición de La forza del destino (nos referimos a la primera función del jueves hubo entusiasmo y grandes ovaciones parra los demás, protagonistas, pero a Caballé alcanzó un nuevo triunfo, no menor que el conseguido en anteriores ocasiones. Y la verdad es que su papel en la obra es de una relativa preponderancia el lado de los que corresponden a otros dos protagonistas.

El dramón de capa y espada estructurado por Piave partir de “Don Alvaro o la fuerza del sino”, del duque de Rivas es una innegable sarta de convencionalismos y absurdos que sólo el genio de Verdi podía salvar dé tanta debilidad escénica con una partitura que aún siendo de transición y apuntando en ella el propósito de valorar musicalmente los episodios intermedios entre las arias punta (lo que alarga excesivamente el desarrollo de la pieza) contiene repetidos momentos destinados a realzar, a fuerza de hipérboles y análisis líricos, las posibilidades vocales y dramáticas de los personajes con él subrayado de una orquesta que ya podemos llamar verdiana por antonomasia, con toda su carga de sugestiones descriptivas del acontecer escénico.

El pernaje de Laura (sic) —el que corresponde a Montserrat Caballé— juega su gran papel al principio y fin de la obra que empieza con la muerte del Marqués de Calatrava por un pistoletazo fortuito de Don Alvaro, el enamorado de su hija, qué acaba expirando también en el último acto víctima de su hermano Don Carlos, a su vez muerto duelo con Don Alvaro. En las primeras y últimas escenas la Caballé cantó y actuó como siempre, poniendo a contribución sus prodigiosas facultades, su voz torrencial en las escenas de tensión, delicada, infinitamente clara y mórbida en los preciosistas filados que nadie actualmente puede superar en belleza y fascinación. Es imaginable que desde sus primeras intervenciones, pasando por su lamento “Madre, pietosa Vergine”, del segundo .acto y hasta el “Pace, pace mio Dio”, del desenlace en el cuarto acto. la soprano catalana arrebata a todo el público que el jueves la aclamó con la exaltación que sólo ella provoca.

Pero en los actos intermedios, quienes llevan el peso de la obra son el tenor y el barítono, que incluso cantan un dúo -“Solenne in quest’ora”- bastante insólito en las óperas formularia. En la función a que nos referimos Pedro Lavirgen representó el personaje de Don Alvaro que fue repetidamente celebrado y en su gran solo del tercer acto -el famoso “a tu che in seno”- originó una desbordante aclamaión. Lavirgen está en buena forma, canta tal vez un poco forzadamente pero con tanta valentía, poniendo a prueba todos sus arrestos vocales, que resultó plenamente justificado que encandilara los entusiasmos generales hasta el paroxismo.

El barítono Mateo Manuguerra en el papel de Don Carlos de Vargas, tal vez no está tan brillante como en el Rigoletto que le aplaudimos hace poco (15 días antes), pero manifiesta íntegramente toda su capacidad de cantante de fondo de “bra funcíones (sic) próximas, pues debe hacer el terceto con la Caballé y Lavirgen (quien, como es sabido, no cantará en las dos funciones próximas pues debe hacer al papel de Don Alvaro, José Carreras).

Si pudiéramos extendernos -más, señalaríamos con preferencia las actuaciones del bajo Marlo Rinaudo (padre guardián) , del barítono Otello Borgonovo (Fra Melitone) , de la soprano María Coder (Preziosilla) y en su intervención inicial a José Simorra (‘Marqués deCalatrava) , que ha reaparecido en nuestro primer escenario tras algunos años de ausencia.

Hay que elogiar el coro, que es otro de los protagonistas de la obra y que actúa bien, teniendo en cuenta sobre todo . a la dificultad y extensión del papel que le corresponde.

La orquesta la dirige con seguro oficio el maestro Eugenio Marco, la dirección escénica la controla con eficacia Diego Monjo. La presentación escenográficamente es aceptable, si sabemos prescindir de las ambigüedades evocadoras de los decorados y el vestuario.

Xavier MONTSALVATGE

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Veient o sentint la funció un comprova que la Caballé estava en un molt bon moment de forma, i un no deixa de sorprendre’ns de que alternés en poc més de vint dies una Maria Stuarda insuperable amb una excel·lent Leonora. Ens trobem davant el soprano assoluto. Podem comprovar-ho en els vídeos següents, primer en un “Son giunta, grazio o Dio….Madre pietosa vergine” que la Caballé canta com poques ho han fet (atenció a les magnífiques ascensions al si natural al final de la primera secció i els dos la bemols un en ultra pianíssim i l’altra amb un cabal de veu extraordinari, els greus per la seva part sonen ben treballats). Després us deixo la cèlebre “Pace, pace mio Dio” que la soprano converteix en un moment de puresa vocal extraordinari, amb un si bemoll en pianíssim en la frase “Invan la pace” a l’abast de molt poques, i un altre en fortíssim al final de considerable empenta. Un altre dels grans papers de la Caballé que no va passar pels estudis gràcies al poc ull de les discogràfiques.

El Don Alvaro d’aquesta segona funció de la sèrie és el gran Josep Carreras, aquí incommensurable de facultats i amb una veu bellíssima. El Don Alvaro forma part junt amb l’Otello i l’Arrigo dels papers més compromesos pel tenor en les òperes de Verdi, i Carreras és un dels millors dels que es te registre (per a mi el més gran amb Corelli). Carreras canta amb una veu d’una bellesa turbant, el centre és calidíssim, amb un agut aquí segur i encara fàcil, i el cant és pur sentiment, pura ànima. Llàstima que el gravés uns anys després ja amb les facultats mermades. Us deixo tota la seva escena del començament del tercer acte, inclosa la difícil aria “A tu che in seno…” on està espectacular.

El tercer en discòrdia és el Don Carlo de Mateo Manuguerra, excel·lent baríton amb una tècnica depurada i un molt bon estil. La veu és potser una mica lírica pel paper però el cantant és un fora de sèrie i aconsegueix una recreació perfecta, que es veu premiada per les aclamacions del públic amb la mateixa intensitat que els dos divos locals. Sentim-lo en la “Urna fatale” del tercer acte i el el duo del quart amb el Don Alvaro de Josep Carreras.

El Guardiano de Rinaudo és també de gran qualitat, amb una veu sòlida de baix a dalt i una cant molt acurat. Està molt bé en el seu llarguíssim duo amb Leonora al segon acte, del qual os deixo una mostra. Actualment un cantant amb aquestes condicions seria una figura de primer nivell.

El Melitone de Otello Borgonovo és de la vella escola en una actuació plena de tòpics i una veu suficient, mente que la Preziosilla de la Montserrat Aparici és molt justeta, estalviant-se totes les puntature.

La versió té els talls tradicionals del primer duo d’enfrontament entre Don Carlos i Don Alvaro “Ne gustare m’è dato un’ora di quiete” en la tercera escena del tercer acte, i també s’ha tallat el sermó de Melitone en la mateixa escena.

L’orquestra i el cor donen una prestació suficient (millor el cor) amb la direcció de rutina del mestre Marco, que té el mèrit de que res es surti de mare.

Giuseppe Verdi – La Forza del Destino (descàrrega)

Josep Simorra – Marchese dei Calatrava

Montserrat Caballé – Leonora di Vargas

Matteo Manuguerra – Don Carlo di Vargas

Josep Carreras – Don Alvaro

Montserrat Aparici – Preziosilla

Mario Rinaudo – Padre Guardiano

Otello Borgonovo – Melitone

Cecilia Fondevila – Curra

Orquestra Simfònica i Cor del Gran Teatre del Liceu –Eugenio M. Marco

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Enllaços relacionats:

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https://rodiazsa.wordpress.com/2009/09/30/montserrat-caballe-al-liceu-la-traviata-de-giuseppe-verdi-6-12-1973/

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Mis favoritos: Nabucco de Giuseppe Verdi

31 Mai 2009

NabuccoNabucco, tercera ópera de Verdi, es una ópera en cuatro actos con libreto de Temistocle Solera, basada en el Antiguo Testamento y la obra Nabuchodonosor de Francis Cornue y Anicète Bourgeois. Fue estrenada el 9 de marzo de 1842 en La Scala de Milán. En España se estrenó en 1844, en el Teatro de la Santa Cruz de Barcelona.

Nabucco fue el primer éxito decisivo de Verdi. Sus melodías, armonías y ritmos se vinculan todavía nítidamente a Donizetti, son simples en estructura, pero de un efecto dramático innegablemente fuerte. Cada nota parece tener auténtica sangre teatral que entusiasma de manera irresistible. La pieza maestra de la partitura es el coro «Va pensiero», una melodía pausada, nostálgica y llena del más profundo sentimiento, en que violentos arrebatos alternan de manera espléndida con atribulados susurros.

El compositor alemán Otto Nikolai (autor de Las alegres comadres de Windsor) había cosechado prometedores éxitos en la Scala de Milán. Entre los libretos que se le habían ofrecido para ulteriores composiciones se encontraba también el proyecto de Solera para Nabucco. Pero Nikolai no se interesó. Merelli, el empresario de la Scala (hoy diríamos el director artístico), un nombre que casi merece el título honorífico de profeta de Verdi, insistió al joven compositor italiano para que pusiera en música aquel argumento. Mostró con ello una confianza fuera de lo común, pues Verdi había triunfado con Oberto pero también había fracasado totalmente con Un giorno di regno. Además, le había afectado profundamente la muerte de su joven esposa y de sus dos hijos, de manera que atravesaba una profunda crisis anímica. Merelli impuso formalmente el libreto al compositor; cuando éste lo arrojó sobre la mesa al regresar a su casa (Verdi relata el episodio en un breve esbozo autobiográfico), se abrió solo y Verdi leyó la frase «Va pensiero sull’ali dórate…». En el mismo instante se le ocurrió la melodía para estos bellos versos. Y escribió la ópera en un arrebato creativo sin pausa.

El 9 de marzo de 1842 se estrenó triunfalmente en la Scala de Milán. La melodía del coro, se convirtió en la canción de súplica y combate de todos los patriotas italianos que se identificaban con el pueblo hebreo en su hora más difícil y se esforzaban por liberarse de la dominación extranjera. La misma melodía sonó en el entierro del maestro, casi sesenta años más tarde, y para entonces ya se había convertido en un himno nacional. En el estreno, el papel de Abigaille fue interpretado por Giuseppina Strepponi, quien se convertiría en compañera sentimental y luego esposa de Verdi. Se dice que la dificultad del papel causó el decline vocal de la cantante.

El éxito de la ópera perdura hasta estos días. Es grabada y presentada en los teatros de ópera con cierta frecuencia aunque no es fácil conseguir una soprano dramática de agilidad que pueda medirse con la despiadada tesitura de la malvada Abigail.

Sinopsis de la ópera

Acto I – Jerusalén

Dentro del templo. Los Levitas y la gente se lamentan por el desgraciado destino de los judíos, luego de haber sido derrotados por el Rey de Babilonia Nabucco, quien se encuentra ahora en las puertas de la ciudad. El cura principal Zaccaria anima a sus seguidores. Los judíos han capturado a un importante rehén para mantenerse a salvo, la hija de Nabucco, Fenena, a quien Zaccaria unió en matrimonio con Ismaele, sobrino del Rey de Jerusalén. Sin embargo, Ismaele promete a Fenena su libertad, pues tiempo atrás en Babylonia él había sido tomado como rehén y fue ella quien lo liberó, pues estaba muy enamorada del joven. Ambos están organizando su vuelo cuando Abigaille, una supuesta hija de Nabucco, llega al templo encabezando una gran tropa de babilonios. Ella también está enamorada de Ismaele, y amenaza con contarle al padre de Fenena de su plan de escape con un extranjero; y al final, Abigaille declara que mantendrá silencio si Ismaele renuncia a Fenena. Pero él se rehúsa a aceptar el chantaje. Nabucco, a la cabeza de su ejército, irrumpe en escena, habiendo decidido saquear la ciudad. En vano Zaccaria, blandiendo una daga sobre la cabeza de Fenena, intenta detenerlo; Ismaele interviene y entrega en mano a Fenena, sana y salva, a su padre.

Acto II – El malvado

En la corte de Babilonia. Abigaille se ha enterado de un documento que revela su verdadera identidad como esclava: por lo tanto, los babilonios se equivocan al creer que ella es una heredera al trono. Nabucco, ocupado en una batalla, ha nombrado a Fenena como princesa regente de la ciudad, lo cual provoca que el odio de Abigaille aumente. El sumo sacerdote de Belo, aliado de Abigaille, le dice que Fenena está liberando a todos los esclavos hebreos. Abigaille aprovecha la oportunidad y se contempla tomando el trono de Nabucco.

MARIA CALLAS: “BEN IO T’INVENNI SALGO GIÀ”1949-Teatro san carlo Napoli- Vittorio Gui

Zaccaria, mientras tanto, anuncia alegremente al pueblo que Fenena, enamorada de Ismaele, se ha convertido a la fe hebrea. Abdallo, un antiguo consejero del rey y de Fenena, le revela a ella las ambiciones de Abigaille y le avisa que debe volar para escapar de la ira de su hermanastra. Pero no hay tiempo. Abigaille llega junto a sus magos, el sumo sacerdote y una multitud de babilonios. Pero inesperadamente, también llega Nabucco, coloca su corona firmemente en su cabeza y maldice al Dios de los Judíos. Luego amenaza con matar a Zaccaria. Fenena revela su conversión al judaísmo, pero el la fuerza a arrodillarse ante él adorándolo no como un rey sino como un dios. El Dios de los Judíos le lanza un rayo y Nabucco, aterrado, cae en agonía, mientras que Abigaille se coloca la corona sobre su cabeza.

Acto III – La profecía

Los jardines flotantes de la corte de Babilonia. Abigaille en el trono recibe honores de todas las autoridades del reino. Nabucco intenta en vano recuperar el trono, pero es detenido por los guardias. En el diálogo siguiente entre ambos, Abigaille, tomando ventaja de la inestable condición mental de Nabucco, le hace poner a él su sello real en un documento que condena a los judíos a muerte. En un momento de lucidez, Nabucco se da cuenta de que ha condenado también a su amada hija Fenena y ruega por su salvación. Pero Abigaille hace pedazos el documento que afirma que ella es una esclava y se declara a si misma como única hija y por lo tanto, heredera al trono. Luego ordena a los guardias encarcelar a Nabucco.

DIMITRA THEODOSSIOU & LEO NUCCI: “DEH, PERDONA”Will Humburg-Vigoleno, 29.06.2008

A orillas del Eufrates, los hebreos invocan su patria lejana y su tierra y, una vez más Zaccaria intenta consolar a su pueblo con una profecía que los alienta en su fe.

 “VA PENSIERO SULL´ALI DORATE”-Metropolitan Opera House, James Levine 2001.

Acto IV – El ídolo roto

Desde su prisión Nabucco ve a Fenena arrastrada hacia la muerte junto con los otros judíos. En su desesperación, se vuelve hacia el Dios de los hebreos, convirtiendo su fe.

RENATO BRUSON: “DIO DI GIUDA”Teatro alla Scala, Muti

Cuando Abdallo y un grupo de soldados aún fieles al rey ven como Nabucco recupera su fuerza y sus sentidos, deciden revelarse liderados por el antiguo rey. En los jardines flotantes se está tocando una marcha funeraria: los hebreos condenados a la muerte están llegando. Zaccaria bendice a Fenena, un mártir. Pero Nabucco irrumpe la ceremonia, el ídolo Belo cae al suelo destrozado, y todos los prisioneros son liberados. Una vez más Nabucco se sienta en el trono. Abigaille, muriendo a causa del veneno ingerido a conciencia, pide el perdón de Fenena y predice su casamiento con Ismael. Zaccaria profetiza el dominio de Nabucco sobre todos los habitantes de la tierra.  

Nabucco-Bechi-Callas-Neroni-Sinimberghi-Gui (CD01 , CD02)

nabucco-callas

La Callas jovencísima crea una Abigail inigulada y, presumiblemente, inigualable, con el veterano pero poderoso Nabucco del gran Gino Bechi. La función es en directo, con un sonido suficiente, pero con un ambiente electrizante.

Nabucco-Gobbi-Suliotis-Cava-Prevedi-Gardelli (CD01 , CD02nabucco-gardelli

Todo un clásico de la discografía, con la estrella fugaz  de Suliotis en una Abigail a lo Callas, y un Gobbi muy mermado vocalmente pero dramáticamente irreprochable. Bravos Cava y Prevedi como Zaccaria e Ismaele. La dirección de Gardelli es contundente, con unas masas de la Ópera de Viena espectaculares.

Nabucco-Manuguerra-Scotto-Ghiaurov-Luchetti-Muti (CD01 , CD02)

nabucco-muti

La versión de Muti posee dos grandes puntos a favor: la excelente dirección del maestro italiano (quizá el mayor especialista verdiano de los últimos 30 años) y el Nabucco de un Manuguerra vocal y dramáticamente poderoso. La Scotto flojea con una zona alta tirante y un grave dudoso. Ghiaurov está correcto pero no del todo cómodo.

Nabucco-Cappuccilli-Dimitrova-Nesterenko-Domingo-Sinopoli (CD01 , CD02)

nabucco-sinopoli

De las versiones de estudio quizás esta sea la más equilibrada. Sinopoli dirige con brío y contundencia a un equipo sin puntos débiles donde destacan la buena labor de Cappuccilli (excelente otra vez en un papel demasiado dramático para su voz), Nesterenko (con un Zaccaria vocalmente sanísimo) y la Abigail de la Dimitrova (correctísima en todos los aspectos, que ya es un gran mérito).