Archive for the 'Masini' Category

Montserrat Caballé al Liceu: Aida de Giuseppe Verdi (29-12-1973)

9 Novembre 2009

AIDAVanguardia

Després d’una setmana incomunicat, i més recuperat físicament, toca retornar al blog amb un plat ben fort, com van ser les ja llegendàries funcions de l’Aïda que es van marcar la Caballé i el Domingo al Liceu.

Com ja vam comentar en el post dedicat a La Traviata, la temporada 1973-1974 la Caballé va protagonitzar tres produccions al Liceu: Caterina Cornaro, La Traviata i Aida.

Aquelles funcions d’Aïda no suposaven el debut absolut de la soprano en el paper de l’esclava etíop, malgrat el que diu el crític de la crònica que us adjunto al post, ja que durant els seus anys com a cantant en plantilla dels teatres d’òpera de Basilea i Bremen, a finals de la dècada dels cinquanta, ja s’havia enfrontat a ell. Van ser una sèrie de funcions absolutament triomfals, potser un dels punts més àlgids de tota la historia del teatre tant per la qualitat del conjunt vocal aconseguit com per la transcendència internacional que van suscitar les funcions, que poc desprès es van traduir en la magnífica gravació de l’òpera per a la casa EMI, tot un clàssic de la discografia.

Com a anècdota d’aquelles funcions cal dir que la Direcció del Teatre, encapçalada pel Sr. Pamias, passava per dificultats econòmiques força greus i que no disposava dels diners suficients  per pagar els honoraris del cast (que ascendia a unes cinc-centes mil pessetes). Vist la desbordant demanda d’entrades per a les funcions previstes va donar ordre a les taquilles que posessin a la venda el màxim número d’entrades possibles. Així en les llotges on normalment hi havia quatre localitats es van habilitar fins a vuit, i es van ocupar els passadissos i qualsevol lloc on pogués col·locar-se un espectador. En aquelles funcions al Liceu, un teatre que normalment tenia sobre dos mil cinc-centes places, hi van assistir més de quatre mil persones.

A continuació us deixo la crònica-crítica feta pel mestre Montsalvatge a La Vanguardia del 30 de desembre de 1973.

Anoche, en el Gran Teatro del Liceo La mejor «Aida» que recordamos haber aplaudido nunca en Barcelona

Las representaciones de «Aída» acostumbran a ser siempre un éxito porque la ópera se presta a galvanizar la afición de! público afecto al repertorio italiano. «Aída» es importante, no tanto por su espectacularidad que anima constantemente la escena con su pintoresquismo de un Egipto faraónico inefablemente convencional, como por los reales valores de una partitura maestra de una dimensión y profundidad dramática que palpita por debajo de la trivialidad de la ambientación. Alguien ha dicho, con absoluta justeza, que la antepenúltima ópera de Verdi, a pesar de sus efectos visuales, del montaje escenográfico y de su apoteósica escena triunfal del segundo acto —el momento más multitudinario y fastuoso de toda la obra—, la popular «Aída» es intrínsecamente una ópera íntima. Gran parte, o de hecho la mayor parte de la música que interpretan los tres principales personajes —Aida, Radamés, Amneris— está escrita con esta delicadeza y claridad de textura que caracterizan a la mejor música de cámara. Es una ópera que trata de seres humanos, de sus pasiones y no de rivalidades nacionalistas ni de hazañas militares. Y «Aída» puede ser considerada igual- mente como la obra escénica más ori- ginal do Verdi, dado que combina el vigor y la sorprendente fecundidad melódica de la primera etapa creadora de su autor con algo de esa sutil penetración psicológica que impregna sus dos siguientes grandes y definitivas obras geniales —«Otello» y «Falstaff»— sin que por ello parezca en momento alguno una ópera de transición. Anoche el éxito invariable de «Aída» fue auténtico y grande desde todos los puntos de vista, aunque indudablemente lo incrementó de forma decisiva las peculiaridades de la interpretación y en especial el hecho de que Montserrat Caballé, por. primera vez, asumiera el papel protagonista de la princesa etíope. ¿Qué puede decirse a estas alturas de la Caballé que no sea reiterar los adjetivos admirativos a su voz, o su personalidad y a la fuerza de su temperamento?

Montserrat Caballé acaba de añadir un nuevo título a su repertorio y no es arriesgado afirmar que este enriquecimiento de su experiencia le proporcionará muchos triunfos que podrá sumar al obtenido ahora en el Liceo. En un dominio absoluto de facultades, segura en la emisión y en la manera de expresarse dramáticamente, de maravillarnos desde el principio al final de la obra. El vigor y la penetración psicológica aludida antes, que son el nervio del papel de Alda, ha sido traducido por la Caballé con un ímpetu y una tensión insuperables. La artista ha valorado a cada momento el más sutil matiz emotivo desde su primera intervención en el soliloquio «Ritorna vincitor, e dal mió labbro usci l’empia parola…», en el qua ha puesto un acento casi desgarrado, hasta en las postreras palabras del final «O térra addio, addio valle di pianti…» entonadas al unísono con Plácido Domingo en la cripta de la muerte, con infinita dulzura, como Verdi había pensado que debía ser este adiós a la vida, expirando «si pura e bella, degli anni tuoi nel fiori…» como expresa Radamés en el último abrazo. .Del principio al final, pasando por momentos de más intensidad, estos que mayormente revelan la vena lírica de Verdi y su poder descriptivo del alma y las tensiones conflictivas de sus personajes: el largo diálogo de Aída y su rival Amneris en el segundo acto y el de Aida con Radamés en el cuadro del Nilo, escenas las dos de antología en toda la historia de la ópera italiana, Montserrat Caballé en todo este desarrollo de la acción se ha mantenido como una cantante de gran clase y con la capacidad de siempre para conquistarse abiertamente al público que le ha tributado un seguido de ovaciones delirantes y de bravos arrebatados e interminables al final de cada cuadro y de cada acto.

No menor ha sido el triunfo de Plácido Domingo, definitivo ya desde las estrofas iniciales de «Celeste Aida, forma divina, mistico serto di luce e fior…», prolongado a lo largo de toda la representación hasta el elegiaco «Morir, si pura e bella, morir per me d’amore…». Plácido Domingo tiene en la voz esta densidad tan rara de encontrar en un tenor. Voz llameante a veces, grávida de emoción, de un timbre soberbio, dominada con una sensibilidad de verdadero músico que sabe lo que es un escenario y un público de ópera y que sin descender en ninguna concesión al afectismo logra arrebatar al que estima el teatro lírico y el poder emociona! de sus cantantes. La explosión entusiasta que rubricó su «Celeste Aida» marcó la tónica de su éxito absolutamente merecido que nos alegra infinitamente, porque es el reconocimiento de la valía de un artista de verdad, de un intérprete de categoría incuestionable.

El triunfo, realmente sin precedentes, de esta «Aida» se ha debido igualmente al equilibrio logrado contando con cantantes excepcionales para los demás papeles. Porque excepcional ha estado Bianca Berini como Amneris, espléndida en volumen y la inflexión de su caudalosa voz. Y más aún Gianpiero Mastromei que sé presentaba personificando al cautivo Amonasro. No recordamos que nunca se haya confiado este papel a un artista dé tantas posibilidades, de tanto temperamento dramático y con un timbre baritonal de tanta potencia y calidad. Ha sido ovacionado con el mismo entusiasmo que los demás protagonistas. El bajo Gwynne Howell ha dado empaque y solemnidad al papel de Ramfis y Juan Pons se ha superado en el papel de rey, sobresaliendo también Cecilia Fontdevila y José Ruiz en sus respectivas intervenciones.

Cuando en escena las cosas marchan bien, acostumbra a pasar que no hay nadie que quiera desentonar. Esto sucedió ayer. El coro cantó con especial ajuste; el ballet —con Asunción Aguadé y Alfonso Rovira como solistas— fue singularmente brillante; la presentación, al cuidado de Diego Monjo, sin apartarse de la tradición, parecía renovada, como si todo fuera acicalado y nuevo. Y la orquesta se ha puesto en consonancia de lo demás, dirigida con temple por un maestro de tanto oficio como Gianfranco Masini.

De mi recuerdo, nunca había visto tan lleno el Liceo como anoche. Ni se había producido tanta expectación, al menos desde hace muchos años. Ni el público se había volcado más alborotadamente al entusiasmo rayando a un histerismo fuera de lugar. Porque no es necesario vociferar como en un campo de fútbol para afirmar ostensiblemente una realidad como la que acabamos de constatar; la de esta «Aida» que nos atreveríamos a afirmar que es la mejor que se ha cantado en el Liceo desde que tenemos consciencia de lo que es representar la ópera de Verdi con los cantantes de la envergadura que exige la partitura.

Xavier MONTSALVATGE BELLVER

Giuseppe Verdi –AIDA (CD01, CD02)

Aida – Montserrat Caballé

Radamés – Plácido Domingo

Amneris – Bianca Berini

Amonasro – Gianpiero Mastromei

Ramfis – Gwynne Howell

Il Re – Joan Pons

Un Mensajero –José Ruiz

Una Sacerdotesa – Cecilia Fontdevila

Orquestra i Cor del Gran Teatre del Liceu – Gianfranco Masini

——————————————–

Enllaços relacionats:

https://rodiazsa.wordpress.com/2009/09/30/montserrat-caballe-al-liceu-la-traviata-de-giuseppe-verdi-6-12-1973/

https://rodiazsa.wordpress.com/2009/08/14/montserrat-caballe-al-liceu-maria-stuarda-de-gaetano-donizetti-gener-de-1979/

https://rodiazsa.wordpress.com/2009/05/18/montserrat-caballe-al-liceu-i-vespri-siciliani-de-giuseppe-verdi-28-12-1974/

https://rodiazsa.wordpress.com/2009/05/09/montserrat-caballe-al-liceu-luisa-miller-de-giuseppe-verdi-10-01-1972/

https://rodiazsa.wordpress.com/2009/10/16/monserrat-caballe-al-liceu-norma-de-vincenzo-bellini-11011970/

Montserrat Caballé al Liceu: La Traviata de Giuseppe Verdi (6-12-1973)

30 Setembre 2009

Traviata

La temporada 1973-1974 va ser una temporada molt intensa al Liceu en part gràcies a dos sèries de representacions memorables de la Caballé al Liceu: al novembre la temporada es va iniciar amb l’estrena absoluta al teatre de la Caterina Cornaro de Donizetti, amb Caballé, Aragall i Bruson en els papers protagonistes, mentres que per final d’any s’iniciaren les històriques representacions d’Aida, amb el Domingo, la Berini i Mastromei. Entre mig d’aquestes dues, a inicis de desembre, la soprano tenia programades 4 funcions de La Traviata, amb Josep Carreras i el Vicens Sardinero, que juntament amb les altres dues van ser les tres produccions en que la soprano va participar aquella temporada.

Cal dir que La Traviata va ser un paper dels més importants per la nostra soprano en els seus primers anys d’esclat com a diva de fama mundial, i que va escollir-lo moltes vegades com a carta de presentació en molts teatres on debutava, a més de ser el segon papar que va gravar en disc per la RCA, allà per l’any 1966. Ara ja havien passat els anys, i Caballé cada vegada s’anava ficant en papers més spintos o amb més càrrega dramàtica, és a dir, més Amelies, Aides (que debutà al Liceu uns dies després), Adrianes, Normes, Manons puccinianes… i menys Leonores, Mimis,….. El cas es que el paper de Violetta cada vegada va quedar més arraconat, i després d’aquesta funció (perquè només va fer una, la resta les va cancel·lar) a la seva Violetta li quedaven molt poques representacions.

Segons el que la soprano explica en la seva biografia d’aquella funció, es trobava lleugerament refredada per el que no estava al 100%, cosa que podria explicar els dos incidents que va sofrir en el primer i darrer acte, però al mateix temps també ens reconeix que aquella funció és troba entre les millors que ha fet del personatge. Nomès siigui per aquest motiu, que ja val la pena prestar atenció al que va succeir aquella nit.

Escoltant la funció un retroba totes les virtuts en la veu i el cant habituals de la soprano. Comença a demostrar la seva vàlua en un impressionant soliloqui “Ah, forse è lui ” d’irrefutable bellesa i intenció dramàtica, després de passar amb nota per les coloratures del duo amb Alfredo. Però és en els dos re bemolls de “Giore” on trobem el primer incident de la nit, ja que el primer no arriba a ser emès, amb una hàbil correcció in extremis de la soprano, mentre que en el da capo es produeix un fet insòlit fins aquell moment, amb el primer gall de la soprano al Liceu (cal matissar que és un gall molt petit, però és). Independentment d’això el públic la rep amb entusiasme al finalitzar l’acte, però la soprano no va sortir a saludar sola, ja que, com ella confessa, sentia que no s’ho mereixia.

En el segon acte està espectacularment bé, amb un duo amb Sardinero (Germont pare) on es poden entendre perfectament a partir del cant tots els canvis d’ànim del personatge i on, com sempre, en el “Dite alla giovine” crea aquells moments màgics de cant eteri que posen la pell de gallina. Poc després té les memorables frases “Amami, Alfredo” on està punyent i molt intensa, i ja en la següent escena ens regala un “Alfredo, Alfredo” commovedor.

En l’últim acte es troba un altre dels moments memorables de la partitura: el “Addio, del passato” on la Caballé canta amb autèntic sentiment, però vet aquí que al final de l’ària en l’última nota aquesta se li talla, no podent recuperar-la amb la perfecció amb que la soprano acostumava a emetre aquests sons. En “Parigi, o cara” continua molt capficada, com també en les últimes frases, on un pot dir que la soprano a assolit completament el personatge.

A la Caballé l’acompanyaven el Josep Carreras (a punt d’esclatar de manera definitiva) i el recordat Vicens Sardinero.

Carreras està molt ardent com al jove Alfredo. El seu fraseig i el seu cant ja són el que han sigut durant els seus millors anys: veu amb un centre de color bellíssim i cant supercomunicatiu i donant-ho tot. La seva prestació és excel·lent, amb una versió memorable de la seva ària al començament del segon acte (amb cabaletta inclosa i agut). Al final del segon acte és un amant ferit molt convincent, per passar al penediment més contingut amb un molt bon ús de la mitja veu. Al “Parigi, o cara” la veu perd una mica d’impostura en les notes del pas, però això només es tradueix en una pèrdua de la bellesa del so.

Sardinero, per la seva part està en molt bona forma, amb un duo amb Caballé magnífic, amb la veu sonant autoritària i poderosa, amb un color de baríton autèntic, i un cant molt ajustat. És una llàstima que la gravació es talli just en el moment de la famosíssima “Di Provenza” (si algú té aquesta gravació completa hi vol fer-la arribar que no ho dubti).

La resta es defensa amb dignitat, amb un Dr Grenvil d’un jove Joan Pons encara exercint de baix.

La gravació prové de la retransmissió radiofònica de RNE on les veus sonen adequadament, mentre el so de l’orquestra, dirigida pel mestre Masini, queda més pobre.

VERDI-LA TRAVIATA (Part01, Part 02   s’ajunten amb HJsplit)

Violetta-Montserrat Caballé

Alfredo-José Carreras

Germont-Vicente Sardinero

Flora-dolores Cava

Gastone-José Manzaneda

Dr. Grenvil-Juan Pons

Orquestra i Cor del Gran Teatre del Liceu-Gianfranco Masini

Barcelona, 6-12-1973

———————————————

Enllaços relacionats:

https://rodiazsa.wordpress.com/2009/08/14/montserrat-caballe-al-liceu-maria-stuarda-de-gaetano-donizetti-gener-de-1979/

https://rodiazsa.wordpress.com/2009/05/18/montserrat-caballe-al-liceu-i-vespri-siciliani-de-giuseppe-verdi-28-12-1974/

https://rodiazsa.wordpress.com/2009/05/09/montserrat-caballe-al-liceu-luisa-miller-de-giuseppe-verdi-10-01-1972/