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Mis Favoritos: sinfonías 7, 8 y 9 de Dvorak

24 Setembre 2009

 dvorak

Las tres últimas sinfonías del checo Antonín Dvorak son piezas claves en el repertorio orquestal del romanticismo tardío. Gran amigo y seguidor de Brahms, Dvorak respeta las formas clásicas en la sinfonía, sin renunciar, sobre todo en las dos últimas, a una variedad melódica abrumadora, que bebe de las fuentes del folklore.

La Sinfonía nº9 “del Nuevo Mundo” es una de las obras más famosas de la música clásica, y todas sus melodías son conocidas y reconocidas por cualquier persona, incluso sin saber que son, ya que han inundado los anuncios, forman parte de las BSO de películas, series de animación, e incluso sus melodías han inspirado canciones a todo tipo de grupos, desde folk hasta el heavy.

Sinfonía nº 7 en re menor, Op. 70 (1885)

El espectacular ascenso de Antonín Dvorak hasta alcanzar fama internacional a finales de la década de 1870 vino seguida rápidamente de multitud de encargos procedentes de toda europa. Esencial para su floreciente carrera fue el éxito con el público británico en la década de 1880. Concretamente, se aferraron a su Stabat Mater, y Edward Elgar estaba entusiasmado con su Sexta Sinfonía. Las solicitudes de los importantes festivales corales de Birmingham y Leeds dieron lugar a una cantata, un oratorio y una misa de réquiem, pero tal vez el encargo más relevante provino de la Philharmonic Society of London cuando le pidió una sinfonía.

La consiguiente Séptima Sinfonía se considera de forma generalizada su mayor obra sinfónica (incluso se le llegó a llamar “la quinta” de Brahms). Dvorak la sometió a una rigurosa revisión antes de darle su forma definitiva. El primer movimiento exhibe una intensidad y una inminencia sin igual en toda su producción, y el movimiento lento es uno de los más profundos, con su mágico solo de trompa. El scherzo, basado en el entrecruzamiento de ritmos de danza popular checa denominada furiant, recupera la intensidad del primer movimiento, mientras que el último conduce al conjunto a un cierre triunfal. Aunque hubiera ciertas afinidades con Brahms, del que era gran amigo, la personalida de Dvorak no queda nunca en entredicho en esta absorbente partitura.

I.Allegro maestoso

II.Poco adagio.

III.Scherzo – Vivace.

IV.Finale – Allegro.

Dvorak Symphony No. 7 – 1st Movement: Allegro Maestoso -Hong Kong Sinfonietta – Conducted by Daniel Raiskin

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Sinfonía nº 8 en Sol mayor, opus 88 (1889)

Esta sinfonía representó para Dvorak un nuevo punto de partida. Mientras que la Sexta y Séptima miraban más al clasicismo vienés, la Octava está marcada por la experimentación formal más desenvuelta (sobre todo en el primer y último movimiento) y por un lirismo casi sobreabundante. Dvorak la compuso durante el otoño de 1889, gran parte del cual lo pasó en su lugar de retiro en el campo de Vysoká, en el sur de Bohemia.

El comienzo de la obra viene marcado por una melodía sombría y conmovedora que oscila entre las modalidades menor y mayor, antes de que la textura se despliegue con una melodía etérea para la flauta. El movimiento lento ofrece un espectro emocional amplísimo: iniciándose con una melodía majestuosa, casi vocal, parece en ocasiones la auténtica imagen de la vida rural satisfecha; en otros, raya en una violencia metafísica extraordinaria. El scherzo y el movimiento final son mucho más cálidos.

I.Allegro con brío:.

II.Adagio

III.Allegretto grazioso – Molto vivace

IV.Allegro, ma non troppo

Dvorak: Symphony No.8 – 4. Allegro ma non troppo -Los Angeles Philharmonic Orchestra-Zubin Mehta

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Sinfonía nº9 en mi menor, Op.95 “del Nuevo Mundo” (1893)

A principios de la década de 1890, Antonín Dvorak era el compositor más admirado del Imperio Austrohúngaro después de Brahms. Por tanto, no es de extrañar que, cuando se necesitó a un director para el Conservatorio Nacional de Música de Nueva York, su nombre figurase entre los candidatos. Las dos estancias de Dvorak en Estados Unidos, entre 1892 y 1895, le permitieron convertirse en una de las estrellas de la música romántica, creando obras maestras como la Sinfonía “del Nuevo Mundo”, el Concierto para violonchelo, y el Cuarteto de cuerda “Americano”.

Dvorak casi nunca se sintió a gusto en Nueva York, pero adaptó su estilo al público americano dotándolo de una mayor simplicidad argumental, una propulsión rítmica dinámica y, sobretodo, una melodía atractiva y memorable. Esta sinfonía, subtitulada “del Nuevo Mundo”, es un compendio de estas cualidades y fue todo un éxito en su primera representación; rápidamente se convirtió en su pieza orquestal más conocida. Aunque todos sus temas son originales, muchos se encuentran ensombrecidos por los rasgos melódicos que Dvorak detectaba en la música de los espirituales americanos. El resultado es una de las obras más populares del repertorio sinfónico, y sin duda, de la música clásica.

I.Adagio – Allegro molto

II.Largo (primeramente denominado por Dvorak “Leyenda”)

III.Scherzo: Molto Vivace – Poco sostenuto

IV.Allegro con fuoco

 Dvorak 9 – 3. Scherzo (molto vivace) – Filarmónica de Munich -Celibidache

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Para que las podáis disfrutar os dejo las últimas versiones que he escuchado, que sin ser, en mi opinión, las mejores (Kertész, Kubelik o Ancerl) sí nos presentan a un interesante Giulini (menos lento en los tiempos de lo que es habitual en él) y al gran Vaclav Neumann con la excelente Filarmónica Checa en una música que está impresa en su ADN y unas versiones muy, pero que muy notables (sobre todo la 7ª).

dvorakgiuli

Philharmonia Orchestra
London Philharmonic Orchestra
Carlo Maria Giulini, conductor
CD 01
Symphony No. 7 in D minor, op. 70
Symphony No. 8 in G major, op.88
CD 02
Symphony No. 9 in E minor, op. 95 “From the New World”
Overture Carnival, op. 92
Scherzo capriccioso, op. 66

front

La interpretación corre a cargo de la Orquesta Filarmónca Checa dirigida por Vaclav Neumann, en una grabación digital realizada a principios de los 80.

Sinfonía nº7, Sinfonía nº8 y Sinfonía nº9

Mis favoritos: Montserrat Caballé – Arias de Puccini

30 Juny 2009

 Caballe puccini

Este disco es uno de los mejores recitales jamás grabados, vamos, uno de esos discos que uno debería llevarse a la hipotética isla desierta. Caballé estaba absolutamente en la cima de sus facultades vocales cuando realizó la grabación (1975) y el resultado es simplemente asombroso.

Los que estén familiarizados con el canto de la Diva se quedarán sorprendidos por el nivel de detalle en el canto que consigue en cada aria. Para quien no lo esté que se prepare para quedarse con la boca abierta con una voz de belleza inigualable, un canto de una fluidez y un legato que parece sobrenatural y con unos agudos en pianísimo que suenan a música celestial. Lo más parecido a Dios en la Tierra.

El acompañamiento de Mackerras es excelente, mimando a la cantante pero manteniendo la integridad de las diferentes arias, que forman una selección que incluye prácticamente lo mejor del compositor de Lucca.

Es obligatorio tener este disco en tu discoteca

Caballe-Arias de Puccini (CD)

01. Turandot – Signore, ascolta!

02. Turandot – Tu che di gel sei cinta

03. Madama Butterfly – Un bel di vedremo

04. Madama Butterfly – Tu, tu piccolo iddio!

05. Manon Lescaut – In quelle trine morbide

06. Manon Lescaut – Sola, perduta, abbandonata

07. Gianni Schicchi – O mio babbino caro

08. Tosca – Vissi d’arte

09. La Boheme – Mi chiamano Mimi

10. La Boheme – Donde lieta usci

11. Le Villi – Se come voi piccina

12. La Rondine – Chi il bel sogno di Doretta

London Symphony Orchestra – Sir Charles Mackerras

Mis favoritos: Nabucco de Giuseppe Verdi

31 Mai 2009

NabuccoNabucco, tercera ópera de Verdi, es una ópera en cuatro actos con libreto de Temistocle Solera, basada en el Antiguo Testamento y la obra Nabuchodonosor de Francis Cornue y Anicète Bourgeois. Fue estrenada el 9 de marzo de 1842 en La Scala de Milán. En España se estrenó en 1844, en el Teatro de la Santa Cruz de Barcelona.

Nabucco fue el primer éxito decisivo de Verdi. Sus melodías, armonías y ritmos se vinculan todavía nítidamente a Donizetti, son simples en estructura, pero de un efecto dramático innegablemente fuerte. Cada nota parece tener auténtica sangre teatral que entusiasma de manera irresistible. La pieza maestra de la partitura es el coro «Va pensiero», una melodía pausada, nostálgica y llena del más profundo sentimiento, en que violentos arrebatos alternan de manera espléndida con atribulados susurros.

El compositor alemán Otto Nikolai (autor de Las alegres comadres de Windsor) había cosechado prometedores éxitos en la Scala de Milán. Entre los libretos que se le habían ofrecido para ulteriores composiciones se encontraba también el proyecto de Solera para Nabucco. Pero Nikolai no se interesó. Merelli, el empresario de la Scala (hoy diríamos el director artístico), un nombre que casi merece el título honorífico de profeta de Verdi, insistió al joven compositor italiano para que pusiera en música aquel argumento. Mostró con ello una confianza fuera de lo común, pues Verdi había triunfado con Oberto pero también había fracasado totalmente con Un giorno di regno. Además, le había afectado profundamente la muerte de su joven esposa y de sus dos hijos, de manera que atravesaba una profunda crisis anímica. Merelli impuso formalmente el libreto al compositor; cuando éste lo arrojó sobre la mesa al regresar a su casa (Verdi relata el episodio en un breve esbozo autobiográfico), se abrió solo y Verdi leyó la frase «Va pensiero sull’ali dórate…». En el mismo instante se le ocurrió la melodía para estos bellos versos. Y escribió la ópera en un arrebato creativo sin pausa.

El 9 de marzo de 1842 se estrenó triunfalmente en la Scala de Milán. La melodía del coro, se convirtió en la canción de súplica y combate de todos los patriotas italianos que se identificaban con el pueblo hebreo en su hora más difícil y se esforzaban por liberarse de la dominación extranjera. La misma melodía sonó en el entierro del maestro, casi sesenta años más tarde, y para entonces ya se había convertido en un himno nacional. En el estreno, el papel de Abigaille fue interpretado por Giuseppina Strepponi, quien se convertiría en compañera sentimental y luego esposa de Verdi. Se dice que la dificultad del papel causó el decline vocal de la cantante.

El éxito de la ópera perdura hasta estos días. Es grabada y presentada en los teatros de ópera con cierta frecuencia aunque no es fácil conseguir una soprano dramática de agilidad que pueda medirse con la despiadada tesitura de la malvada Abigail.

Sinopsis de la ópera

Acto I – Jerusalén

Dentro del templo. Los Levitas y la gente se lamentan por el desgraciado destino de los judíos, luego de haber sido derrotados por el Rey de Babilonia Nabucco, quien se encuentra ahora en las puertas de la ciudad. El cura principal Zaccaria anima a sus seguidores. Los judíos han capturado a un importante rehén para mantenerse a salvo, la hija de Nabucco, Fenena, a quien Zaccaria unió en matrimonio con Ismaele, sobrino del Rey de Jerusalén. Sin embargo, Ismaele promete a Fenena su libertad, pues tiempo atrás en Babylonia él había sido tomado como rehén y fue ella quien lo liberó, pues estaba muy enamorada del joven. Ambos están organizando su vuelo cuando Abigaille, una supuesta hija de Nabucco, llega al templo encabezando una gran tropa de babilonios. Ella también está enamorada de Ismaele, y amenaza con contarle al padre de Fenena de su plan de escape con un extranjero; y al final, Abigaille declara que mantendrá silencio si Ismaele renuncia a Fenena. Pero él se rehúsa a aceptar el chantaje. Nabucco, a la cabeza de su ejército, irrumpe en escena, habiendo decidido saquear la ciudad. En vano Zaccaria, blandiendo una daga sobre la cabeza de Fenena, intenta detenerlo; Ismaele interviene y entrega en mano a Fenena, sana y salva, a su padre.

Acto II – El malvado

En la corte de Babilonia. Abigaille se ha enterado de un documento que revela su verdadera identidad como esclava: por lo tanto, los babilonios se equivocan al creer que ella es una heredera al trono. Nabucco, ocupado en una batalla, ha nombrado a Fenena como princesa regente de la ciudad, lo cual provoca que el odio de Abigaille aumente. El sumo sacerdote de Belo, aliado de Abigaille, le dice que Fenena está liberando a todos los esclavos hebreos. Abigaille aprovecha la oportunidad y se contempla tomando el trono de Nabucco.

MARIA CALLAS: “BEN IO T’INVENNI SALGO GIÀ”1949-Teatro san carlo Napoli- Vittorio Gui

Zaccaria, mientras tanto, anuncia alegremente al pueblo que Fenena, enamorada de Ismaele, se ha convertido a la fe hebrea. Abdallo, un antiguo consejero del rey y de Fenena, le revela a ella las ambiciones de Abigaille y le avisa que debe volar para escapar de la ira de su hermanastra. Pero no hay tiempo. Abigaille llega junto a sus magos, el sumo sacerdote y una multitud de babilonios. Pero inesperadamente, también llega Nabucco, coloca su corona firmemente en su cabeza y maldice al Dios de los Judíos. Luego amenaza con matar a Zaccaria. Fenena revela su conversión al judaísmo, pero el la fuerza a arrodillarse ante él adorándolo no como un rey sino como un dios. El Dios de los Judíos le lanza un rayo y Nabucco, aterrado, cae en agonía, mientras que Abigaille se coloca la corona sobre su cabeza.

Acto III – La profecía

Los jardines flotantes de la corte de Babilonia. Abigaille en el trono recibe honores de todas las autoridades del reino. Nabucco intenta en vano recuperar el trono, pero es detenido por los guardias. En el diálogo siguiente entre ambos, Abigaille, tomando ventaja de la inestable condición mental de Nabucco, le hace poner a él su sello real en un documento que condena a los judíos a muerte. En un momento de lucidez, Nabucco se da cuenta de que ha condenado también a su amada hija Fenena y ruega por su salvación. Pero Abigaille hace pedazos el documento que afirma que ella es una esclava y se declara a si misma como única hija y por lo tanto, heredera al trono. Luego ordena a los guardias encarcelar a Nabucco.

DIMITRA THEODOSSIOU & LEO NUCCI: “DEH, PERDONA”Will Humburg-Vigoleno, 29.06.2008

A orillas del Eufrates, los hebreos invocan su patria lejana y su tierra y, una vez más Zaccaria intenta consolar a su pueblo con una profecía que los alienta en su fe.

 “VA PENSIERO SULL´ALI DORATE”-Metropolitan Opera House, James Levine 2001.

Acto IV – El ídolo roto

Desde su prisión Nabucco ve a Fenena arrastrada hacia la muerte junto con los otros judíos. En su desesperación, se vuelve hacia el Dios de los hebreos, convirtiendo su fe.

RENATO BRUSON: “DIO DI GIUDA”Teatro alla Scala, Muti

Cuando Abdallo y un grupo de soldados aún fieles al rey ven como Nabucco recupera su fuerza y sus sentidos, deciden revelarse liderados por el antiguo rey. En los jardines flotantes se está tocando una marcha funeraria: los hebreos condenados a la muerte están llegando. Zaccaria bendice a Fenena, un mártir. Pero Nabucco irrumpe la ceremonia, el ídolo Belo cae al suelo destrozado, y todos los prisioneros son liberados. Una vez más Nabucco se sienta en el trono. Abigaille, muriendo a causa del veneno ingerido a conciencia, pide el perdón de Fenena y predice su casamiento con Ismael. Zaccaria profetiza el dominio de Nabucco sobre todos los habitantes de la tierra.  

Nabucco-Bechi-Callas-Neroni-Sinimberghi-Gui (CD01 , CD02)

nabucco-callas

La Callas jovencísima crea una Abigail inigulada y, presumiblemente, inigualable, con el veterano pero poderoso Nabucco del gran Gino Bechi. La función es en directo, con un sonido suficiente, pero con un ambiente electrizante.

Nabucco-Gobbi-Suliotis-Cava-Prevedi-Gardelli (CD01 , CD02nabucco-gardelli

Todo un clásico de la discografía, con la estrella fugaz  de Suliotis en una Abigail a lo Callas, y un Gobbi muy mermado vocalmente pero dramáticamente irreprochable. Bravos Cava y Prevedi como Zaccaria e Ismaele. La dirección de Gardelli es contundente, con unas masas de la Ópera de Viena espectaculares.

Nabucco-Manuguerra-Scotto-Ghiaurov-Luchetti-Muti (CD01 , CD02)

nabucco-muti

La versión de Muti posee dos grandes puntos a favor: la excelente dirección del maestro italiano (quizá el mayor especialista verdiano de los últimos 30 años) y el Nabucco de un Manuguerra vocal y dramáticamente poderoso. La Scotto flojea con una zona alta tirante y un grave dudoso. Ghiaurov está correcto pero no del todo cómodo.

Nabucco-Cappuccilli-Dimitrova-Nesterenko-Domingo-Sinopoli (CD01 , CD02)

nabucco-sinopoli

De las versiones de estudio quizás esta sea la más equilibrada. Sinopoli dirige con brío y contundencia a un equipo sin puntos débiles donde destacan la buena labor de Cappuccilli (excelente otra vez en un papel demasiado dramático para su voz), Nesterenko (con un Zaccaria vocalmente sanísimo) y la Abigail de la Dimitrova (correctísima en todos los aspectos, que ya es un gran mérito).

Mis favoritos: Gustav Holst – Los planetas

17 Mai 2009

NPG P109, Gustav Theodore Holst

Los planetas (1917) de Gustav Holst (1874-1934) son una maravilla. Es la primera obra británica del siglo XX que se atrevió a hacer lo que la mayoría de los compositores más avanzados de la época (Strauss, Debussy, Stravinsky y Schoenberg) pretendían, y en cierto modo aúna sus diversas influencias con acentos del folclore inglés. Y algo aún más insólito: fue un éxito desde su estreno.

El público respondió a la riqueza y la calidad de sus melodías, a su imaginativa partitura para una opulenta orquesta, y al carácter claramente definido de cada uno de sus siete movimientos. Pero quizá en aquel momento no todo el mundo se dio cuenta, ni se da cuenta hoy, de cuál es realmente el tema de la obra.

Gustav Holst: URANO, El mago. Leonard Slatkin – BBC Symphony Orchestra. Proms 2004.

No trata, como sugieren docenas de cubiertas de CD de astronomía, sinó de astrología. Tal y como Raymond Head ha averiguado tras una fascinate investigación, Holst tomó la idea para la pieza de un libro donde un tal Alan Leo expone la teoría astrológica de la influencia de los planetas en el alma humana. Y el inusual pero efectivo ordenamiento de los siete movimientos está designado, según Head,para describir “la evolución de la experiencia de la vida humana desde la juventud hasta la ancianidad”.

The Planets (Los planetas) op. 32. Suite de siete movimientos, a cada uno de los cuales Holst le dio el nombre de un planeta (y su correspondiente deidad en la mitología romana):

  1. Marte, el portador de la Guerra.
  2. Venus, el portador de la Paz.
  3. Mercurio, el mensajero alado.
  4. Júpiter, el portador de la Alegría.
  5. Saturno, el portador de la Vejez.
  6. Urano, el mago.
  7. Neptuno, el místico.

Holst-Strauss-Steinberg

STRAUSS-HOLST (CD)

1-9. R.Strauss. Así habló Zaratustra.

10-16. G.Holst. Los Planetas

Boston Symphony Orchestra – William Steinberg (1970)

Planets-karajan

HOLST – The Planets (CD)

Berliner Philahrmoniker – Herbert von Karajan (1981)

Holst_planets_rattle

 HOLST – The Planets (CD)

1-7) Holst: The Planets

8.) Mattheus: Pluton

Berliner Philharmoniker – Simon Rattle

Mis favoritos: Tchaikovsky-Sinfonías 4, 5 y 6

9 Mai 2009

Tchaikovsky

Las tres últimas sinfonías de Tchaikovsky son la cima de su obra.

Tchaikovsky compuso la 4ª sinfonía (1878) en una época tumultuosa de su vida. Cuando la comenzó estaba a punto de embarcarse en un matrimonio con una antigua alumna del conservatorio, Antonina Miliukova; pero también apaerició en escena otra mujer para brindarle su apoyo económico, la acaudalada mecenas Nadezhda von Meck. Fue ella a quien Tchaikovsky reveló el “programa detallado” de su sinfonía más autobiográfica hasta esa fecha. La fanfarria del fatídico primer movimiento con el que se abre era “el destino, esa fuerza inexorable que impide que nuestras aspiraciones de felicidad alcance su objetivo, que celosamente consigue que nuestro bienestar o nuestra paz no sean absolutos y transparentes, que pende sobre nuestras cabezas como una espada de Damocles y que con una rotunda perseverancia envenena nuestras almas. Es invencible, jamás la dominaremos”.

Aunque el destino regresa para hostigar los renqueantes valses del movimiento y para interrumpir el deleite popular del movimiento final, hay cierto solaz en “los recuerdos del pasado” que alivian las melancólicas cavilaciones del movimiento lento y lo que Tchaikovsky denominaba “arabescos antojadizos”, realizados mediante el pizzicato de las cuerdas en un scherzo muy imaginativo. (David Nice)

Sinfonía No. 4, 4º mvmt (Chicago Symphony-D. Barenboim)

 

tchai4bernstein

Sinfonía No. 4 in fa menor, op. 36 (CD)

Francesca da Rimini, op. 32

New York Philharmonic – Leonard Bernstein

Tras un lapso de más de una década, en 1888 Tchaikovsky regreso a la forma de la sinfonía. Su guía en esta labor fue el profesor del Conservatorio de Hamburgo Theodor Ave-Lallement, a quien esta dedicada esta 5ª sinfonía. En apariencia, la obra está más proporcionada de forma más uniforme que su predecesora, y la única percusión que se escucha es la de los timbales. Sin embargo, sigue habiendo un programa. La todopoderosa figura del Destino que preside la 4ª sinfonía y regresa para malograr el gozo popular de su final se ha convertido ahora en la Providencia, sujeta al cambio. Aparca a un lado el inquietante acoso del primer movimiento para dejar paso a un allegro que Tchaikovsky describe como “murmullos, dudas, lamentos, reproches contra… XXX” (lo cual, supuestamente, es una referencia a su homosexualidad). Amenazadora la Providencia irrumpe dos veces en la escena del exquisito movimiento lento, el magnífico andante cantábile, y anima brevemente un gracioso vals. En el último movimiento, su carácter se ha transformado en un noble acto de rebeldía y, tras una enérgica batalla, emerge ruidosamente como vencedor en un triunfante desfile final. (David Nice)

 Finale de la Sinfonía Nº 5 (L. Bernstein)

 tchai5bernstein

Sinfonía No. 5 in mi menor, op. 64 (CD)

Romeo y Julieta

New York Philharmonic – Leonard Bernstein

La sexta sinfonía de Tchaikosky es la más poderosa que compuso sobre el sufrimiento, tal y como indica el sobrenombre que le puso su hermano Modest “Patética”. No es que cuando la escribió, en verano de 1893, estuviera sumido en un desespero con tendencias suicidas: aunque afirmaba “haber llorado mucho” durante su composición, estaba en pleno impulso creativo, y declaró “es glorioso poder darme cuenta de que mi tiempo aún no ha acabado, y que puedo seguir trabajando”. Su súbita muerte, ese mismo año, solo unos días después de haber dirigido el estreno de esta obra, alentó los rumores de que, como Mozart, había compuesto su propio Requiem. Hay algunos aspectos de la obra que ciertamente lo sugieren: la misa rusa de difuntos se cita en el desarrollo del primer movimiento, y el final es un adagio lamentoso trágico, en el que la luz se extingue.

Pero aquí hallamos condensada toda la experiencia vital. El amor, en un aria del primer movimiento que prácticamente no tiene palabras, está en deuda con el ejemplo de la “canción de la flor” de Carmen, de Bizet, la ópera favorita de Tchaikovsky. La melancolía hace acto de presencia bajo la forma de un vals agridulce, mientras que el scherzo combina una fantasía brillante con una marcha bulliciosa. (David Nice)

Sinfonía nº 6. 3er mvmt. Bavarian Radio Symphony Orch Mariss Jansons

tchai6bernstein

Sinfonía No. 6 in si menor, op. 74 ‘Patética’ (CD)

New York Philharmonic – Leonard Bernstein

Mis Favoritos: Die Frau Ohne Schatten de R. Strauss

30 Març 2009

(Extraido de la Wikipedia:

http://es.wikipedia.org/wiki/Die_Frau_ohne_Schatten)

 

frauohne

La mujer sin sombra (en alemán Die Frau ohne Schatten), es una ópera en tres actos compuesta entre 1911 y 1915 por Richard Strauss sobre un libreto del poeta Hugo von Hofmannsthal. Es la sexta ópera del compositor bávaro, señala la cuarta colaboración del distinguido binomio responsable de Elektra, El caballero de la rosa (Der Rosenkavalier) y Ariadna en Naxos (Ariadne auf Naxos). Debido a su extensión, complicado argumento y dificultades vocales y escénicas no conquistó inmediatamente el favor del público; no obstante, se la considera su más completo y aventurado trabajo para el género lírico. En 1946, Strauss reunió los temas principales en la suite orquestal “Fantasía La mujer sin sombra”.

 

Síntesis argumental

 

Personajes

El Emperador – Tenor

La Emperatriz – Soprano

La Aya de la Emperatriz – Mezzo-soprano

Barak, tintorero – Barítono

Su esposa – Soprano

El espíritu mensajero – Barítono

La voz del halcón rojo – Soprano

Aparición de un joven hermoso – Tenor

Una voz de lo alto – Contralto

El guardián de la puerta del templo Soprano

Un tuerto, hermano de Barak – Bajo

El manco, hermano de Barak – Tenor

El jorobado, hermano de Barak – Tenor

Voces de los no natos – Coro infantil

Sirvientes – Tres sopranos

Voces de los guardias nocturnos – tres barítonos

Lugar: las islas del sur. Tiempo: tiempo de cuentos de hadas.

 

Acto I

 

Escena I

El palacio del Emperador. El Alba. El aya de la Emperatriz ve sobre las aguas una luz que se transforma en un mensajero de Keikobard, soberano del mundo espiritual y padre de la Emperatriz, quien le advierte que por no haber concebido, carece de sombra y le comunica que tiene tres días para obtenerla, so pena de regresar por la fuerza al seno paterno y su consorte se volverá de piedra. El Aya ve con buenos ojos la posibilidad de regresar al mundo de los espíritus, pues detesta vivir entre los humanos. El Emperador sale de sus aposentos y le ordena al Aya que cuide de la Emperatriz, mientras él va a un viaje de caza por los próximos tres días, en los que espera encontrar a su halcón favorito, un halcón rojo que le ayudó a cazar a una gacela que posteriormente se transformó en la Emperatriz, pero como la había herido, él le golpeó un ala y la hizo sangrar; el halcón huyó. Tras de que el Emperador se ha ido, sale la Emperatriz de sus habitaciones y recuerda con nostalgia los días en los que ella se podía transformar. A lo lejos alcanza a ver al halcón rojo. Ella lo saluda, pero el halcón llora: “la Mujer no arroja sombra, el Emperador se transformará en piedra.” La Emperatriz recuerda que el día que conoció al Emperador, había perdido un talismán que le daba poderes de transformación, que tenía una maldición escrita; ella desesperada le suplica al Aya que le diga cómo obtener una sombra, a lo que ésta le responde que deberá buscarla entre los hombres. Aunque en un principio titubea, se decide a buscar una sombra, tratando de encontrar a una mujer que se la venda.

 

Escena II

En la casa de Barak, los tres hermanos pelean entre sí por una cosa robada, la esposa de Barak los separa arrojándoles un cubo de agua. Los hermanos se enojan con ella y le reprochan que no tenga hijos. Barak llega y apacigua las cosas. La mujer quiere que sus cuñados se vayan pero Barak la convence de que no lo haga. Él desea hijos, pero la mujer se niega y secretamente jura que nunca los tendrá. Barak parte a vender sus mercaderías y llegan la Emperatriz y el Aya disfrazadas. La esposa quiere que ellas se vayan, pero el Aya le hace ver imágenes de riquezas y lujos que ella puede ganar si vende su sombra. Para lograrlo, la mujer deberá separarse de su marido por los próximos tres días, momento en el cual se cerrará el contrato de venta. La mujer accede, la Emperatriz y el Aya vendrán a casa como “parientes pobres” que se dedicarán a la servidumbre. La mujer escucha que Barak vuelve y se preocupa que la cena no está lista. El Aya conjura su magia y hace que unos pescados se cocinen solos. Ellas parten y de la sartén salen las voces de los niños no natos que le piden a su madre que los deje entrar. La mujer, asustada, apaga el fuego. Llega Barak y se sorprende encontrar que su cama ha sido puesta en otro lado, y asume que el súbito cambio de humor de su esposa se debe a un posible embarazo. Él accede reaciamente a dormir en el piso, mientras los vigilantes nocturnos cantan loas al amor conyugal.

 

Acto II

 

Escena I

En la casa de Barak. El Aya ayuda a Barak a prepararse para el mercado, sale y le propone a la mujer tomar un amante, con sus artes mágicas hace que una escoba cobre vida y se transforma en un joven hermoso. La Emperatriz se siente culpable y escandalizada del carácter de la mujer del tintorero. Vuelve Barak, acompañado de un gran grupo de niños indigentes, ha tenido un excelente día en el mercado y ha comprado grandes cantidades de comida y ha invitado a todos para celebrar, pero la mujer se las arregla para arruinarle su celebración. Los sentimientos de culpa de la Emperatriz crecen, pues Barak es muy amable con ella.

 

Escena II

En el coto de caza imperial. El Emperador, guiado por el halcón rojo, ve entrar a la Emperatriz y al Aya al coto de caza, cosa que no le extraña, pues ella le había indicado que ahí viviría durante los tres días de su viaje. El Emperador se acerca y huele que su esposa tiene olor humano, y resuelve que tiene que matarla, pero el halcón le indica que tendrá que hacerlo con sus propias manos, por lo que el Emperador huye.

 

Escena III

En la casa de Barak. La mujer está embriagada de los sueños de la fortuna que va a poseer al vender su sombra. El Aya droga a Barak y conjura al joven hermoso, la mujer se espanta cuando el hombre se acerca a seducirla y despierta a Barak, pero pronto le reprocha que no haya cuidado su casa y se va al pueblo, dejándolo confundido, la Emperatriz se siente más culpable.

 

Escena IV

En el coto de caza imperial. La Emperatriz tiene pesadillas y premoniciones, se siente culpable por el daño que le va a causar a Barak y tiene visiones del Emperador que entra en un gran templo que ella reconoce como el reino de su padre, mientras coros invisibles profetizan el destino que le espera.

Escena V

La mujer finalmente explota en sus deseos de denostar a su esposo y confiesa que ha tenido amantes en su propia casa y que ha vendido su sombra por un precio sin igual. Barak cree que su mujer se ha vuelto loca, pero cuando acerca una llama y efectivamente ve que ella no arroja sombra, se enfurece. El Aya conjura sus artes mágicas y hace aparecer una espada en la mano de Barak y su mujer implora piedad, la Emperatriz se niega a tomar la sombra, pues está manchada de sangre. Se abre la tierra y devora a los habitantes de la casa.

 

Acto III

 

Escena I

En un subterráneo en el reino de Keikobard. La mujer es atormentada por las voces de los no natos. Barak está en una celda junto a ella y se arrepiente por haber intentado asesinar a su mujer, mientras ella confiesa el gran amor que siente por su marido. Una voz de lo alto los guía por separado hacia unas escaleras.

 

Escena II

En un muelle subterráneo. Llega una barca mágica que lleva a la Emperatriz y al Aya. El Aya intenta convencer a la Emperatriz de que huyan, pero la Emperatriz reconoce las puertas que están detrás de ella como la entrada al Templo de Keikobard y sabe que él la espera detrás de esas puertas; ella despide al Aya y entra por las puertas. El Aya profetiza sobre las torturas que la esperan detrás de las puertas, la mujer y Barak se encuentran por separado con ella, buscándose mutuamente, ella para morir a manos de su esposo, él para perdonarla y protegerla, el Aya los dirige en direcciones opuestas. Intenta entrar al templo y el mensajero la detiene y le hace saber que está condenada al destierro entre los humanos, perdiendo sus poderes mágicos.

 

Escena III

Dentro del templo de Keikobard. La Emperatriz entra en el templo y se dirige a Keikobard, le implora perdón y le pide encontrar un lugar entre los que arrojan sombra. Aparece una fuente de la vida, un guardia le dice que puede reclamar la sombra de la mujer si bebe de la fuente, la Emperatriz está a punto de hacerlo, pero escucha las súplicas de Barak y su mujer y se detiene, no puede adquirir la humanidad robándosela a otros, Keikobard le muestra al Emperador petrificado, salvo por sus ojos suplicantes. A pesar de esto, ella no cede, no beberá de la fuente. La prueba ha sido pasada, la Emperatriz obtiene una sombra y el Emperador vuelve a la vida.

 

Escena IV

En un paisaje paradisíaco. La Emperatriz y el Emperador cantan sobre las bendiciones conyugales. Barak y su mujer se reúnen y ella obtiene su sombra nuevamente. Los cuatro cantan un himno a las alegrías que les esperan, mientras las voces de los no natos se regocijan sobre la vida que les espera.

 

Los personajes

 

El interés de los cantantes en representar los papeles principales de La mujer sin sombra es el carácter psicológico de los personajes, dado que el único que tiene nombre es Barak, mientras que los demás tienen que encontrar su esencia a lo largo de la ópera.

 

Representación

 

La representación de La mujer sin sombra se extiende por aproximadamente cuatro horas y presenta grandes desafíos tanto en el foso orquestal como en el palco escénico, donde sus intérpretes deben poseer suficiente caudal para montar la gigantesca orquesta straussiana. Las mayores dificultades las presenta la alta tesitura del personaje de la Emperatriz, a cargo de una soprano dramática que también debe ejecutar pasajes de coloratura y agudos estratosféricos; no se quedan atrás las exigencias para la Tintorera, que requiere gran resistencia e inmenso poderío sonoro, y la Nodriza, cuya peligrosa tesitura oscila entre las de contralto, mezzo y soprano convirtiéndola en uno de los más temidos y especializados papeles de la literatura operística. Menos exigentes aunque igualmente difíciles, los dos principales papeles masculinos del Emperador y el tintorero Barak, están compuestos para tenor dramático y barítono. Igualmente difícil es encontrar los cantantes secundarias, pues sus partes solicitan cantantes de primer nivel, lo cual hace que esta ópera sea muy costosa.

 

Reconocimiento internacional

 

Demorado por la Primera Guerra Mundial, su estreno tuvo lugar el 10 de octubre de 1919, en la Ópera Estatal de Viena, bajo la dirección musical de Franz Schalk, dirección escénica de Hans Breuer Bühne, escenografía de Alfred Roller y la participación de las dos sopranos favoritas (y encarnizadas rivales) del compositor: Maria Jeritza y Lotte Lehmann a cargo de la Emperatriz y la Tintorera. Días después fue estrenada en la Ópera de Dresde, desde entonces ha permanecido tradicionalmente asociada con esa casa de ópera así como las de Viena y la Ópera Estatal de Baviera en Múnich, Alemania. En 1949, Erich Kleiber la estrenó en el Teatro Colón de Buenos Aires y en 1959 se realizó la prèmiere norteamericana en la Ópera de San Francisco.

 

Desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, su establecimiento en el repertorio internacional fue impulsado por los directores Rudolf Kempe, Ferdinand Leitner, Leopold Ludwig, Joseph Keilberth, Erich Leinsdorf y en especial, el paladín de Strauss, Karl Böhm, responsable de numerosos estrenos y grabaciones tanto en estudio como en vivo. En 1964, conmemorando el centenario del nacimiento del compositor, Herbert von Karajan en la doble tarea de director orquestal y escénico se despidió como regente de la Opera Estatal de Viena en una serie de celebradas representaciones que reunieron a un memorable elenco encabezado por la soprano vienesa Leonie Rysanek (1926-1998) la más famosa Emperatriz en la historia de esta ópera, y la mezzosoprano berlinesa Christa Ludwig cantando como soprano el papel de la Tintorera. Las acompañaron Grace Hoffmann, Jess Thomas, Walter Berry, Lucia Popp como la “Voz del halcón” y el tenor Fritz Wunderlich en la breve aparición del joven hermoso. En 1966 dirigidas por Karl Böhm, Rysanek y Ludwig fueron nuevamente aclamadas en el estreno neoyorkino acaecido en el flamante edificio del Metropolitan Opera, considerado uno de los hitos en la historia del teatro. Si bien Rysanek cantó la Emperatriz durante casi tres décadas, Ludwig retornó a su cuerda de mezzosoprano para no forzar su instrumento.

 

Directores de orquesta como Wolfgang Sawallisch (el primero en grabarla comercialmente sin cortes y en estrenarla en 1992 en Tokyo y Nagoya en una sugestiva producción de estilo japonés siguiendo la tradición del Kabuki firmada por el actor y director Ennosuke Ichikawa), Sir Georg Solti, Christoph von Dohnányi, Giuseppe Sinopoli y Christian Thielemann, han contribuido al afianzamiento y popularidad de La mujer sin sombra -conocida por la sigla “FROSCH” en la jerga musical, llamada así por el propio Strauss, por las grandes dificulates que enfrentó en su creación, ya que Frosch en alemán significa rana, esto es Die Frau ohne Schatten- con exitosas escenificaciones en París, Berlín, Salzburgo, Hamburgo, Francfort, Stuttgart, Chicago, Londres, Barcelona, Mannheim, Toulouse y Marsella, entre otras plazas líricas. Su compleja dirección escénica y diseños escenográficos han concitado a importantes nombres como Ernst Pöttgen, Nathaniel Merrill, Günther Schneider-Siemssen, Günther Rennert, Götz Friedrich, Nikolaus Lehnhoff, Herbert Wernicke, Robert Carsen, Robert Wilson y el pintor David Hockney.

 

Sus intérpretes

 

A través de los años merecen destacarse otros intérpretes del quinteto vocal principal que contribuyeron a la difusión e impacto de la ópera. Entre las sopranos debe mencionarse a Leonie Rysanek, Christa Ludwig, Ingrid Bjoner, Inge Borkh, Eleanor Steber, Julia Varady, Cheryl Studer, Hildegard Behrens, así como Eva Marton y Gwyneth Jones que cantaron los dos protagónicos femeninos, y Birgit Nilsson (1918-2005) que añadió el personaje de la Tintorera hacia el final de su extraordinaria carrera; como la Nodriza se destacaron Martha Mödl, Elisabeth Höngen, Astrid Varnay, Irene Dalis, Ruth Hesse, Hanna Schwarz y la eminente mezzosoprano eslovena Marjana Lipovsek; los tenores Set Svanholm, Hans Hopf, James King, Rene Kollo, Thomas Moser, Plácido Domingo, Peter Seiffert y Ben Heppner y los baritonos Ludwig Weber, Otto Wiener, Paul Schöffler, Dietrich Fischer-Dieskau, José van Dam y Siegmund Niemsgern. En la primera década del siglo XXI, las sopranos norteamericanas Deborah Voigt y Christine Brewer se han destacado como Emperatriz y Tintorera respectivamente.

 

Selección de grabaciones

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1963: Bayerisches Staatsoper – Joseph Keilberth (DISCO 1, DISCO 2, DISCO 3)

Borkh-Bjoner-Mödl-Thomas-Fischer-Dieskau

 

 

Martha Mödl como Die Amme e Ingrid Bjoner como Die Kaiserin, 1963  

 

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1977: Wiener Staatsoper-Karl Böhm (DISCO 1, DISCO 2 y DISCO 3)

Nilsson-Rysanek-Hesse-King-Berry

 

sinopolischatten1997: Staatskapelle Dresden-Giuseppe Sinopoli (DISCO 1, DISCO 2 y DISCO 3)

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Mis favoritos: El Op.15 de Brahms (concierto para piano nº1)

20 Març 2009

 

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Con este post inicio una serie que se dedicará a compartir con vosotros las obras que más veces llenan mi tiempo de audición y que rellenan los estantes de mi despacho con infinito número de versiones, es decir, mis piezas favoritas.

 

 

Quiero empezar con el Op.15 de Brahms, el concierto para piano nº1 en re menor, ya que desde que lo escuchara por primera vez en una impetuosísima versión con Barenboim y Sir John Barbirolli, se convirtió en una de las piezas que más me turbaron y me incitaron a seguir explorando en el repertorio. Recuerdo el gran impacto que me causaba el inicio del concierto, tan oscuro, tan dramático que me sobrecogía, después el movimiento lento, como un oasis de calma lleno de lirismo y melancolía, para volver a desatarse en el último movimiento, que es como una danza frenética e impetuosa.

 

 

El Concierto para Piano Número 1 fue compuesto entre 1854 y 1858. Brahms fue el solista del estreno, que dirigió Joseph Joachim en Hanover, el 22 de enero de 1859. Se puede afirmar que la emocionalidad del concierto es su rasgo más interesante, porque fue el último trabajo de la etapa temprana y apasionada de Brahms. Nunca más permitió él que su espíritu romántico se expresara con tanta libertad.

 

 

Johannes Brahms tenía recién 20 años cuando por primera vez le mostró algunas de sus composiciones a Robert Schumann. Este se sintió tan impresionado que salió de su retiro como crítico musical para escribir un artículo especial en alabanza de Brahms. En su crítica profetizaba que el joven compositor “revelaría su maestría no por el desarrollo gradual sino que brotaría como una fuente, así como salió Minerva, completamente armada, de la cabeza de Júpiter… “.

 

 

Era una gran alabanza para un compositor joven que no había escrito más que música de cámara y algunas obras para piano. Brahms súbitamente se encontró empujado frente al mundo musical, teniendo que mantener una reputación. Sintió que tenía la obligación de intentar componer una sinfonía, y así se lo escribió a Schumann en enero de 1854: “He estado entrenando mi mano en una sinfonía el pasado verano e incluso he orquestado el primer movimiento y compuesto el segundo y el tercero.”

 

Al mes siguiente, Schumann, que padecía de una enfermedad mental, se arrojó al Rhin. Fue rescatado, pero debió pasar los dos años y medio restantes de su vida en un manicomio. Brahms quedó desolado. Se mudó a la casa de Schumann para tratar de ayudar a cuidar a Clara Schumann y sus hijos. Desarrolló un profundo sentimiento respecto de Clara, de la que se enamoró, pero quien al mismo tiempo representaba para él también una figura maternal. Continuó trabajando en su sinfonía e hizo un retrato musical de Clara en el movimiento lento.

 

 

Brahms recibió ayuda de su amigo Julius Grimm para la orquestación. Sin embargo, el compositor no estaba satisfecho. Sentía que todavía no estaba preparado para intentar una forma tan monumental como la sinfonía. Su verdadera primera sinfonía no habría de quedar concluida hasta 22 años más tarde. Modificó la sinfonía inicial y parcialmente terminada y la convirtió en una sonata para dos pianos, que interpretó con Clara. También se la escuchó interpretar junto con Grímm. Pero todavía se sentía insatisfecho. Grimm le sugirió combinar sus dos ideas y hacer un concierto para piano. La idea parecía posible y el compositor se puso a trabajar nuevamente en la revisión. Volvió a escribir los primeros dos movimientos para piano y orquesta, pero sustituyó el tercer movimiento con un final nuevo. El movimiento desechado finalmente se convirtió en el coro de “Ved toda la carne” del Réquiem Alemán.

 

 

Para la primavera de 1858 el concierto estaba casi listo. Brahms tuvo oportunidad de probarlo en un ensayo. Introdujo otras modificaciones. Seguía sin estar totalmente conforme y dudó en presentarlo ante el público, pero finalmente se decidió a seguir adelante con dos presentaciones programadas para enero de 1859. En el estreno, dirigido por Joseph Joachim, la audiencia escuchó cortésmente, pero con poca comprensión o apreciación. Cinco días más tarde Brahms lo ejecutó en Leipzig y le escribió a Joachim sobre su fracaso:

 

“Mi concierto ha sido un brillante y decisivo… fracaso… El primer ensayo no despertó ningún tipo de sentimiento ni en los ejecutantes ni en la audiencia. Al segundo no acudió público alguno y a ningún ejecutante se le movió siquiera un músculo de la cara… Por la noche… el primero y segundo movimientos se escucharon sin que surgiera la menor demostración de sentimiento. Al final tres pares de manos se unieron muy lentamente, en tanto que un silbido perfectamente reconocible de ambos lados prohibió cualquier otro tipo de demostración… Este fracaso no me impresionó en absoluto. Después de todo, sólo estoy experimentando y sintiendo mí forma. De todos modos, el silbido fue demasiado. A pesar de todo, el concierto hallará aprobación cuando yo haya mejorado su estructura corporal y el próximo va a sonar muy diferente.”

 

 

El carácter turbulento y dramático de la pieza resulta evidente de inmediato. El vigoroso motivo de la apertura, aunque está ausente durante gran parte del primer movimiento, hechiza incluso los temas secundarios más líricos, de modo que no podemos estar muy convencidos de la aparente paz. Durante la mayor parte de la exposición, el piano y la orquesta tienen temas separados. El proceso del desarrollo es en parte el proceso de la integración. El segundo tema es particularmente bello y se lo escucha primero solo en piano. Aunque este vasto movimiento atraviesa muchos estados de ánimo, su pasión meditativa y subyacente se experimenta a lo largo de toda su extensión.

 

 

El segundo movimiento intenta, mediante su suavidad expansiva, disipar la intensidad del primero. Pero queda una corriente subterránea de tensión recordada, porque el movimiento lento está moldeado en la métrica del movimiento de apertura (6/4) y la clave (Re mayor como opuesta a Re menor, aunque el primer movimiento dedica largo tiempo a la clave mayor justo antes del final). El ritmo constante sugiere un himno.

 

 

El final es un rondó gitano húngaro, con varios temas, dos cadencias y un fugato de desarrollo. En la coda se produce una transformación del tema principal en marcha lenta en modo mayor.

 

 

La obra tiene una discografía amplísima, que van desde las grabaciones de Schnabel de los años 30, a la última revisión de Zimmerman con Rattle. Hay muchísimas notables pero entre ellas destaca la de Leon Fleisher con Szell, seguida por la de Curzon con Szell y la de Zimmerman con Bernstein.

 

 

Os dejo los links del video del concierto interpretado por Zimmerman con la Filarmónica de Viena y Leonard Bernstein dirigiendo (o bailando?).

 

PARTES: 1, 2, 3, 4, 5 y 6

 

 

También os dejo una muestra de unas cuantas versiones. Como curiosidad os incluyo la grabación que se hizo en vivo del concierto con Gould dirigida por Bernstein, donde Gould decidió ralentizar hasta el extremo los tiempos, cosa que Bernstein no compartía, y por eso hace un speech antes de iniciarse la obra donde explica que no está de acuerdo con lo que van a interpretar. 

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Leon Fleisher, piano, The Cleveland Orchestra, George Szell (1956)

 

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Clifford Curzon, piano, London Symphony Orchestra, George Szell (1962)

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Glenn Gould, piano, New York Philharmonic Orchestra, Leonard Bernstein (1962)

 

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Emil Gilels, piano, Berliner Philharmoniker, Eugen Jochum (1972)

 

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Maurizio Pollini, piano, Berlin Philharmonic, Claudio Abbado (grabación en vivo, 1998)

 

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Nelson Freire, piano, Leipzig Gewandhause Orch., Ricardo Chailly
Grabación en vivo. (2007)

 

(links de Billinrio)